Curiosidades etimológicas: Capilar

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Carótida interna y arterias vertebrales. En Anatomy of the Human Body, Henry Gray, anatomista ingles, 1918. Ilustración de Henry Vandyke Carter.          Archivo: Gray’s Anatomylámina 513

CAPILAR

Capilar en el Sistema Circulatorio es cada uno de los vasos sanguíneos muy finos, permeables, que enlazan en el organismo las circulaciones arterial y venosa, formando redes que penetran en el interior de todos los tejidos y, a su nivel, tiene lugar el intercambio gaseoso. No hay duda de que capilar es un término que se refiere al cabello, pero ¿qué tienen que ver los vasos sanguíneos con el pelo? La Ciencia Etimológica nos lo explica, en cuyo estudio encontramos dos curiosidades, una la del origen primario del término y otra la de su evolución semántica.

Respecto al origen etimológico de capilar existen varias teorías. Lo más probable es que proceda de la voz latina capillaris, “relativo al cabello” o en su forma neutra capillare, “loción, producto, cosmético”, especialmente pomada, usado para el cabello y “cualquier cosa del grosor de un cabello”. Según esta teoría, capillaris se formó con la palabra capillus,“cabello, pelo de la cabeza” y el sufijo –aris, una disimilación de -alis, que denota adjetivos de relación. No obstante, algunos autores consideran a capillus como una contracción de capo, derivado de caput, “cabeza” y pilus, “pelo”, resultando una etimología muy creíble, pero esto no es posible ya que ni la fonética ni la ll germinada se corresponden. Otros lingüistas ven en capillus un simple derivado diminutivo de caput, “cabeza” y otros, que nada tiene que ver con “cabeza” toda vez que el término cabello es distinto en cada lengua indoeuropea, a pesar de que caput está íntimamente relacionada con la raíz indoeuropea kaput, “cabeza”. Casi todas esas teorías coinciden en que capilar procede de capillus, “cabello”, independientemente de cómo se formara este término, que produjo capillaris, “relativo al cabello”.

Pero como se pasó de esta acepción de capillaris a la de “capilar: vena”. Esta fue adoptada por metonimia de la forma del cabello, pero no en nuestro idioma sino en la propia lengua madre, ya que su valor como “fino vaso sanguíneo” está documentado en el latín medieval del siglo XII, en la Anatomía porci o Anatomía Cophonis, atribuida al profesor en Salerno Copho, basada en fuentes árabes, con el término capillares venae, “venas capilares”. Se trata de una traducción del árabe, que empleaba la palabra pilosos para los “vasos sanguíneos”. Pero esta metáfora no es invento de los árabes, más bien de los griegos, pues la emplearon traduciendo a Galeno (siglo II a.C.), que denominaba a estos conductos sanguíneos trikhoeidés phléps, “vena con aspecto de cabello”, “vena capilar”.

En definitiva, los griegos inventaron la acepción capilar en referencia a las venas, pasó a los árabes, de estos al latín medieval, donde se documenta en el siglo XII y de aquí a los idiomas modernos. Se menciona en la obra Lilium medicinae del médico occitano Bernardo de Gordonio en el siglo XV, siendo el español, a mediados de este siglo, el primer idioma en que figura capilar para designar un tipo determinado de vaso sanguíneo, muy fino, que enlaza las arterias y las venas.

El capilar como tubo

Capilar, por metonimia de forma, adquirió el valor de tubo muy estrecho como el cabello. Se trata de un tubo vertical de vidrio, de radio interior del tamaño de fracciones de milímetro, de tal forma que al introducir uno de sus extremos en un líquido este asciende hasta alcanzar una altura, que depende de la tensión superficial del líquido, de su densidad y del diámetro del tubo.

Asimismo, por metonimia funcional, capilar pasó a designar el “fenómeno producido por la capilaridad”.

Bibliografía  

  1. Lilium medicinae de Bernardo de Gordonio,  Napoles, 1480.
  2. Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. J. Corominas –  J. A. Pascual, Ed. Gredos, Madrid, 1980.

 

ETIMOLOGÍAS DE TÉRMINOS MILITARES

ETIMOLOGIAS TM

CARACTERÍSTICAS

Editor: Autor.

ISBN.:

978-84-613-3141-3.

Encuadernación: Rústica.

Tamaño:

19×24 cm.

Nº Páginas: 320.

Páginas con ilustraciones y fotografías: 134

Año: 2009.

SINOPSIS

Las palabras, medio inteligente para definir las cosas y expresar las ideas, constituyen los pilares de los lenguajes y de la expresión verbal que conforman los idiomas propios de los pueblos. También, constituyen la razón de ser de la Ciencia Etimológica, que trata de su procedencia, de la razón de su existencia, de su significación y de su constitución.

En la obra se investiga sobre los variados procesos, lentos e inexorables, relativos al nacimiento y evolución de los términos militares tratados, los cuales, a través de anécdotas y curiosidades, presentan retazos de la historia de nuestros ejércitos.

CONTENIDO

INTRODUCCIÓN.

I.- AJEDREZ Y MILICIA UNIDOS POR LA CIENCIA ETIMOLÓGICA.

AJEDREZ, ALFIL, JAQUE, PEÓN.

II.- NOBLEZA Y MILICIA EMPARENTADAS POR LA CIENCIA ETIMOLOGICA

BARÓN, CONDE, DUQUE, GENTILHOMBRE, MARQUÉS, SEÑOR, VIZCONDE.

Cuadro sinóptico sobre Etimologías de Términos de la Nobleza.

III.- TERMINOLOGÍA SOBRE MÁQUINAS DE GUERRA Y ARMAS ANTIGUASADARGA, ALABARDA, ARIETE, ARNÉS, CERBATANA, CORAZA, GARROTE, GRUA, TORMENTO.

IV.- TERMINOLOGÍA RELATIVA A ARMAS DE FUEGO PORTÁTILES

ARCABUZ, CARABINA, ESCOPETA, ESPINGARDA, FUSIL, PEDREÑAL, PISTOLA, PISTOLETE, MOSQUETE, RIFLE, TERCEROL, TERCEROLA, TRABUCO,

Cuadro sinóptico sobre Genealogía de las Armas de Fuego Portátiles.

V.- TERMINOLOGÍA SOBRE ARMAMENTO Y MATERIAL

ARMA, ARMATOSTE, BALA, BAYONETA, BOMBA, ESPOLETA, METRALLA, MUNICIÓN, PABELLÓN, TANQUE.

Cuadro sinóptico sobre Genealogía del Proyectil de Guerra.

VI.- TERMINOLOGÍA RELATIVA AL ARTE DE LA GUERRA

ABORDAJE, ALGARADA, BATALLA, ESCARAMUZA, ESTRATEGIA, GUERRA, POLÉMICA, ZALAGARDA.

VII.- TERMINOLOGÍA ARTILLERA

ALCANCÍA, ANDANADA, ARTILLERÍA, CALIBRE, OBÚS, SALVA.

VIII.- TERMINOLOGÍA RELAIVA AL ARMA DE INGENIEROS

ABROJO, ALBARRANA (TORRE), BARBACANA, CABALLO DE FRISA, REVELLÍN, ZAPA.

IX.- TERMINOLOGÍA SOBRE DENOMINACIONES HISTÓRICAS DE EMPLEOS DE LA MILICIA

ADALID, ALCAIDE, ALFÉREZ, ALMIRANTE, CABO, CAPITÁN, CAUDILLO, CONDESTABLE, CORONEL, MAESTRE, MAYORDOMO, SARGENTO, TENIENTE.

X.- TERMINOLOGÍA RELATIVA A DENOMINACIONES HISTÓRICAS DEL SOLDADO

ALABARDERO, ALMOGÁVAR, BATIDOR, BISOÑO, GUZMÁN, HUSAR, JINETE, LACAYO, MAMELUCO, MOSQUETERO, QUINTO, RECLUTA, REQUETÉ, SOLDADO.

XI.- TERMINOLOGÍA SOBRE UNIDADES DEL EJÉRCITO

ACOSTAMIENTO, APELLIDO, BATALLÓN, BATERÍA, ESCUADRÓN, HUESTE, LEGIÓN, TERCIO.

XII.- TERMINOLOGÍA RELATIVA A VESTUARIO MILITAR

BARBOQUEJO, CHARRETERA, CORBATA, GALÓN, GUANTE, PELLIZA.

XIII.- TERMINOLOGÍA RELACIONADA CON LOS CUARTELES

ALARMA, ARENGA, BAQUETA, BARRACÓN, CALABOZO, CENTINELA, CHUSCO, CUARTEL, ESTANDARTE, RANCHO, RONDA.

XIV.- TERMINOLOGÍA SOBRE TOQUES MILITARES

ALBORADA, DIANA, FAJINA, REBATO, RETRETA.

EPÍLOGO

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Curiosidades etimológicas: ADARGA

ADARGA

    Adarga de piel de toro, empleada por los oficiales españoles lanceros en la Batalla de Pecos, 1748.

 

        La adarga era una antigua arma defensiva, inmortalizada por Cervantes en su famosa obra Don Quijote de la Mancha, que comienza así: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”.

Adarga, originalmente, definía el escudo ovalado o con figura de corazón, hecho con cueros dobles cosidos y engrudados. Los más grandes se denominaron darga o atareca y según el tipo de piel: vacaries, las de cuero de vaca y dargadante, dante o de ante, las de otras pieles, llegando a confeccionarse con la de reptiles o paquidermos para darle mayor resistencia. Con el tiempo pasaría a ser el nombre genérico de cualquier escudo y en Heráldica la denominación del blasón o escudo de armas.

Pudiera parecer que deriva de la voz tarja, tomada de la francesa targe, con origen en la germánica targa, que define el escudo grande que cubría todo el cuerpo y, en concreto, la pieza de la armadura aplicada sobre el hombro izquierdo como defensa contra la lanza contraria. Sin embargo, y aunque ambas palabras signifiquen casi lo mismo, no deriva una de la otra, al menos directamente.

Según algunos autores entró en lengua romance procedente del árabe addarca o dary: “embrazar”, probable derivación por metonimia de la “abrazadera” que llevaba el escudo por la cara interna para sujetarse al brazo. Para otros, como Corominas, de la voz árabe dáraqa, que designa específicamente el “escudo hecho de pieles”, demostrado por la existencia de la d- y la aglutinación del artículo árabe.

El origen árabe de adarga queda documentado a principios del siglo X por Abendoraid y a finales del mismo por Yauhari en su diccionario que sienta las bases para la lexicografía del árabe clásico. Como dáraqa y dáraka figura en el diccionario anónimo latino-arábigo, arábigo-latino, publicado sobre un códice español del siglo XIII, atribuido al teólogo, misionero y arabista catalán R. Martí. Bajo las formas daráca y dárca, en el Vocabulista arávigo en lengua castellana, 1505, de Pedro De Alcalá.

Curiosamente, dáraqa, a pesar de ser palabra árabe, no tiene sus raíces en esta lengua, ya que el sustantivo dáraqa no deriva del verbo dárraq: “amparar, proteger”, sino al contrario. Por tanto, es posible que se trate de una palabra tomada de algún idioma oriental, puesto que tampoco tiene relación con la voz europea targa. Los árabes hicieron de ésta sus formas tárga y târiqa, para definir un tipo de escudo utilizado por los caballeros cruzados, como puede verse en el Suplemento a los Diccionarios Árabes, de R. Dozy, obra básica para el estudio del mozárabe, del árabe vulgar y del árabe de la Baja Edad Media.

La teoría, más probable, sobre el origen de la voz adarga es que del cruce entre las árabes dáraqa y tárga salieron las vulgares dárca y addarca: “embrazar”. De ésta nació la hispano-romance darga, y después adáraga, pasando al castellano antiguo como adarága, terminando en castellano y en español como adarga. También, evidencian tal origen las palabras catalana darga, portuguesa adarga y francesa adargue; sin embargo, la italiana targa y la alemana tartche proceden del germano targa.

Darga, adargar y adarguero

A veces, darga se ve usada por daga, como en el Arte Cisoria, del marqués de Villena:  “Conociendo sus cueros menos duros que de bestias ficieron armaduras de cueros crudos taurinos al comienzo; despues de fierro que nou temiese las uñas agudas e dientes fuertes de las bravas alimañas, nin aun la fuerza de otros omes, añadieron a sus manos espadas e puñales, e dargas en lugar de uñas…”.

Del sustantivo adarga derivó el verbo adargar, con el valor original de “amparar, cubrir, guarecer con la adarga” y después, por extensión, el de “amparar, cubrir, guarecer con cualquier objeto para defenderse” y, en sentido figurado, el de “defender, resguardar, proteger”, “protestar” y “escudar con cualquier pretexto”.

Adarga también produjo adarguero, para designar al soldado armado de adarga y a quien la confecciona. Es una simple composición, a base de adarga y del sufijo -ero del latín -arius, que en los sustantivos suele significar oficio, profesión o cargo.

Evolución histórica

Las primeras noticias sobre el uso de adarga datan de principios del siglo XII, encontrándose en el Cantar de Mio Cid en lengua romance bajo la forma adágara. En la General Estoria de Alfonso X el Sabio figura en castellano antiguo, por metátesis, como adáraga a mediados del XIII. En el Poema de Alfonso Onceno aparece en castellano, en su forma definitiva de adarga, por simplificación fonética, a mediados del XIV.

Curiosidades etimológicas ADALID

ADALID  Teodosio el Grande, nombrado Magíster militum por Graciano.

En la Edad Media se utilizaba adalid refiriéndose a un alto cargo militar. Después tuvo varios significados hasta quedar en desuso dentro de la milicia, siendo desplazado por otros términos similares, como caudillo, general, comandante, jefe, guía o cabecilla. No obstante, continuó empleándose, aunque solo en contextos poéticos para referirse al individuo que ejerce como jefe o destaca dentro de un partido, escuela o corporación.

La razón de estos cambios se debe a la Ciencia Etimológica, causante de varias curiosidades sobre el origen y evolución del vocablo y sus acepciones a lo largo de la Historia.

Adalid, según algunos autores, procede del árabe dalîl: “guía”, de donde ad-dalîd o ad-dalîl significa “el guía”, derivada del verbo dall: “enseñar el camino”. Camino por el que también llegó al portugués como adaíl y al catalán adalil.

En nuestro idioma entró con la forma addalilm y con el valor genérico de “guía”, designando tanto al “guía de un viajero” como al “guía que conduce a las tropas por terrenos conocidos por él”. Pronto quedó con la estructura de su figura fonética adalil y, finalmente, por disimilación de la segunda l en d, en la definitiva adalid.

Algunos autores la derivan de la voz de origen árabe adálito, adálita: “partidario/a de la justicia”, empleada para denominar a los musulmanes partidarios de Alí. Otros, del teutón adal, adel: “noble” y leida, leiten: “guiar”, es decir el “guía noble”.

Por esta vía también llegó al alemán leiter y al inglés leader, produciendo el anglicismo lider, incorporado al español como “director o jefe de un partido político o grupo social” y “el que va a la cabeza de una competición deportiva”.

Evolución histórica

Los romanos se referían a la figura del adalid con las voces latinas militum ductor: “mando militar” y dux: “guía, jefe, conductor”, derivadas de ducere: “dirigir, mandar, conducir”. Al principio, era una dignidad puramente militar. La palabra entró en nuestro idioma como “duque” para definir el mayor grado de la nobleza.

 El adalid sinónimo de “guía”

La primera documentación conocida en su forma primitiva árabe addalil, es con el significado genérico de “guía” y data del año 1071.

Durante la Alta Edad Media en la Península Ibérica se utilizaban, indistintamente, la forma latina magister militum y la árabe adalid para referirse a la segunda persona en categoría en la milicia, después del caudillo.

En la Baja Edad Media su significado “guía de ejército” quedó reflejado en Las Siete Partidas: “Adalides, que quiere tanto decir, como guiadores; que ellos deven aver en si todas estas cosas sobredichas, para saber guiar las huestes e las cavalgadas en tiempo de guerra”. Después, sus atribuciones se reflejaron en el Fuero sobre el Fecho de las cabalgadas, entre ellas la de juez en todas las contiendas.

En el siglo XIII todavía era frecuente la forma adalil, aunque ya se empleaba la definitiva adalid, tomando el valor de “guía”, en general, como se ve en el Ordenamiento sobre la mesta de don Alfonso X el Sabio (1268): “…et les toman los moruecos et carneros encencerrados que han menester para adalides de sus ganados…”.

En el siglo XIV sigue valiendo “guía de un viajero”, como aparece en la Crónica de 1344, según relata Menéndez Pidal. Después su uso quedaría limitado al lenguaje militar.

El adalid “cargo militar”

Fue en esta época cuando se creó el primer empleo de la milicia llamado Adalid Mayor, como jefe de la hueste en campaña. Sus funciones eran una mezcla de las del Cuartel Maestre, Intendente e Inspector General del Ejército. Se resumían en la dirección operativa y logística de sus tropas, y fueron recogidas en Las Siete Partidas: “Adalid de poner de dia atalayas, e de noche escuchas, e rondas”.

El empleo de Adalid Menor se reservó para el mando de las haces, unidades formadas por varias compañas o compañías. Se conservaría para el capitán de la Compañía de Lanzas de Ceuta, hasta su extinción, ciudad donde perduraría hasta el siglo XX para el cabo de la gente de a caballo, armado con lanza y adarga.

En la Edad Moderna, con los avances del arte de la guerra, se ampliaron los cometidos del Adalid Mayor a las direcciones táctica e informativa, denominándose Maestre de Campo General. El término adalid comenzaba así su decadencia en la milicia, siendo completada con la creación de los ejércitos contemporáneos. Con la tecnificación y la nueva organización militar fue sustituido por un nuevo alto cargo, con funciones más amplias y especializadas, el Jefe de Estado Mayor General, equivalente en la actualidad a los Jefes de los Estados Mayores del Ejército y de la Defensa.

De esta forma, adalid quedaba, definitivamente, desterrado del léxico militar, pero la nostalgia de su significación y la belleza del término le permitirían conservar un puesto histórico dentro del campo literario.

Curiosidades etimológicas ACOSTAMIENTO

ACOSTAMIENTO
 “La  Rendición de Granada”, conseguida con tropas de acostamiento (Óleo de Francisco Pradilla).

El acostamiento era una unidad de los ejércitos de la Edad Media, formada por tropas de infantería reclutadas exclusivamente para la duración de una campaña.

Parece extraño que una unidad militar reciba tal denominación, lo mismo que la afirmación de algunos autores al decir que acostamiento deriva de costa: “litoral, orilla del mar”,  basándose en que las tropas eran andaluzas con la misión de vigilar las costas.

La primera extrañeza se transforma en realidad porque el nombre estas fuerzas no viene del hecho de que solieran estar mucho tiempo ociosas, “tumbadas a la bartola”, es decir “acostadas”, sino porque recibían una paga del rey, viviendo “a costa” del monarca.

La segunda extrañeza queda confirmada porque se trata de una mera anécdota. Realmente, las tropas que nutrían los acostamientos no solo eran andaluzas, sino que procedían de todas las regiones y además de vigilar las costas se les encomendaba otras misiones.

La causa de esta denominación se encuentra en el significado de la palabra, sinónima de “sueldo, estipendio”, que normalmente se utiliza como “acción de acostar o acostarse” o “acción de irse a la cama” y en la antigüedad, también, “arrimo, adhesión, favor”.

Llegamos a la determinación de que acostamiento tiene dos grupos de acepciones muy distintos: “acostarse, adherirse” y “sueldo, estipendio” ¿A qué se debe? Simplemente a que son dos acostamientos distintos, con orígenes gramaticales diferentes y que gracias a la ciencia etimológica han confluido en la misma palabra.

En efecto, acostamiento es un vocablo compuesto de la forma radical costa y de las palabras serviles, prefijo a- y sufijo -miento.

El acostamiento popular

En el acostamiento del primer grupo costa significa: “espalda, costado, ribera”, procedente del latín costa, -ae: “costilla, costado”. El prefijo -a viene del latín ad: “hacia”. Con ambos términos el bárbaro compuso accostare: “arrimar la costilla a alguna parte” y, por simplificación fonética, se formó el verbo acostar: “arrimar, acercar echar, tender”. Con la adición del sufijo -miento, que denota “acción”, se formó un sustantivo. De ahí que acostamiento sea un sustantivo derivado de acostar con el valor: “acostarse, adherirse” y “acostado, adherido”.

El acostamiento militar

En el acostamiento del segundo grupo, el sustantivo costa: “gasto, importe, paga”, derivado de costar: “ser comprada o adquirida una cosa por determinado precio”, procede del latín constare: “adquirir por cierto precio, costar”. Con el sufijo    -miento resulta: “lo que cuesta, lo que se paga vale”, es decir: “estipendio”.

Este acostamiento, sinónimo de “estipendio” fue adoptado en el lenguaje militar de la Edad Media como: “sueldo o estipendio que se recibía del rey o señor y por el que se quedaba obligado a determinados servicios de armas o de otra clase”.

Por el fenómeno lingüístico de la metonimia también adquirió el significado: “tropas que recibían un estipendio del rey”, es decir, las que vivían “a costa” del rey y, después, por el mismo fenómeno, el sistema de reclutamiento y la unidad que constituían.

Evolución histórica

El primer texto conocido en que figura costar se encuentra en un documento latino del año 1099 del Cantar de Mio Cid, donde aparece custare. Cuervo cita ejemplos medievales de esta palabra con la forma costa en los siglos XIII y XV.

Acostamiento fue acuñado en España, como término propio de la milicia, en época de los Reyes Católicos con motivo de la creación de un ejército regular, compuesto por Hermandades o Comunidades, Guardias Viejas y Acostamientos. Esto supuso un gran avance en ese tránsito hacia el gran ejército español del siglo XVI.

Las ordenanzas de constitución de La Santa Hermandad fueron redactadas en abril de 1474 y las Guardias Viejas de Castilla comenzaron a organizarse en 1493. Entre ambas fechas surgieron los Acostamientos, formados por tropas colecticias de infantería de diversas regiones, reclutadas exclusivamente para una campaña.

El Conde de Clonard denomina acostamientos a las tropas colecticias, pagadas por los pueblos, levantadas a finales del siglo XV. Asimismo, el célebre militar y cronista don Gonzalo de Ayora (1466-1538) en su Vocabulario dice del acostamiento que se aplicaba a las tropas de infantería o caballería a sueldo del rey.

Con la desaparición de los acostamientos también lo hizo su peculiar sistema de reclutamiento, cayendo en desuso el término como equivalente a “fuerza pagada”.

Cuando en las Partidas de Alfonso X El Sabio, se establece: “las cosas arrancadas al enemigo se repartan entre los que tengan el mismo apellido”, no se está refiriendo a que dicha repartición se la haga entre aquellos guerreros cuyo nombre de familia sea igual, sino entre todos los componentes de la misma unidad.

Curiosidades etimológicas ABROJO

ABROJO   Abrojo o tribolo

Antiguamente, cuando se combatía a pie o acaballo, se ponían obstáculos sobre el terreno para dificultar el avance del enemigo. Uno de ellos era un artefacto de hierro, en forma de estrella, provisto de cuatro pequeñas cuchillas o púas triangulares dispuestas en ángulos iguales, permitiendo al ser arrojados al suelo que siempre se clavasen tres punzones quedando uno hacia arriba.

Artilugio de guerra sencillo y muy eficaz para su época, aunque no mortífero, fue el precursor de las destructoras y temibles minas contra personal y contra carro actuales.

Curiosamente, el castellano abrojo, aunque proviene del latín, no lo ha hecho de su correspondiente tribulus. Tampoco viene del griego, donde existía la misma voz abrojo, con el significado de “seco, árido”, compuesta de la preposición a: “sin” y del verbo brejo: “mojar”, aunque su parecido con las características del fruto que dan las plantas del mismo nombre sería decisiva para la adopción del vocablo.

Lo más probable es que proceda, por similitud, del nombre empleado para designar el fruto de diversas plantas, como algunas de la familia de las Zigofiláceas, la mayoría de los géneros Tribulus y Fagonia. Con tallos rastreros, hojas opuestas, flores pequeñas amarillas y fruto capsular con cinco segmentos bicornes y gran cantidad de espinas fuertes y largas, son perjudiciales para los sembrados. También es el fruto de algunas malas hierbas, que poseen espinas u otros apéndices punzantes, denominación dada por su similitud funcional con los anteriores.

Estos frutos se bautizaron con la voz de cuño hispánico abrojos, formada por la contracción término latino aperi oculos: “abre los ojos”, por el peligro que suponían las espinas de estas plantas al andar por los cultivos y otros lugares donde se criaban, advertencia para los que hacían las faenas del campo en terrenos cubiertos de abrojos.  Después pasaría, por metonimia, a designar a la propia planta.

Tienen el mismo origen el portugués abrolho y el catalán abriülls o abrulls, habiéndose empleado con anterioridad la forma mozárabe abrewelo y como apodo abrueyo. El equivalente gallego es “abre os ollos”, cuya contracción abrollos es del pasado, abrojos es la actual y abrollos ha quedado con el valor de “escollo”.

Como vemos, abrojo, en español, es una palabra muy expresiva, a la que se ha llegado por dos caminos muy diferentes: la contracción de aperi oculos y la voz griega abrojo, como otra curiosidad de los estudios etimológicos.

La coincidencia de nuestro término con el vocablo griego sería decisiva para la implantación de abrojo en español, tanto para definir al fruto de la planta como al artefacto militar, a diferencia de la mayoría de los idiomas europeos que emplean dos voces distintas.

La Botánica utiliza tribule en francés, thistle en inglés, abrolho en portugués y bulzeldorn en alemán. El léxico militar adoptó chausse-trappe, crowfoot o caltrop, estrepe y fussangel, respectivamente. Se aparta de la regla el italiano con la forma griega tribolo, para ambos significados.

Evolución histórica

La noticia más antigua sobre el abrojo se remonta a unos 300 años a. C., empleado por los griegos para su defensa, colocando sobre el suelo unos artefactos de hierro con varias cuchillas denominados tribolos. Los romanos heredaron el vocablo como tribulus, empleando el objeto para defensas accesorias en fortificaciones de campaña y para inutilizar pasos obligados para la caballería.

En España abrojos se implantó, probablemente, en época latina o romance primitiva. En su equivalente catalana abriülls o abrulls la falta del artículo delante de ojo y la a- en lugar de la o- de la voz catalana obrir: “abrir” denotan que el nombre de la planta debió formarse en esa época, antes de la segunda mitad del siglo XII.

En efecto, entre los primeros documentos sobre el empleo de este termino en la Península Ibérica figura abrewelo, voz del glosario mozárabe de Miguel Asín Palacios (hacia 1100).Abrueyo, como apodo, aparece en 1171, en Orígenes del español de don Ramón Menéndez Pidal.

Según el arzobispo don Rodrigo, hay noticias sobre el empleo del abrojo por los moros en España, sembrando con ellos el campo de batalla de las Navas de Tolosa (16-07-1212). De poco les sirvió, ya que las tropas de Alfonso VIII de Castilla derrotaron al ejército almohade del califa Muhammad al-Nâsir, dejando la puerta abierta para su futura penetración por el valle del Guadalquivir.

Sin embargo, la primera documentación en que aparece abrojo es de mediados del siglo XIV en Castigos e Documentos para vivir bien, ordenados por el rey don Sancho IV.

Curiosidades etimológicas ABORDAJE

ABORDAJE   Abordaje de Pratt.

La primera técnica de combate naval ofensivo, consistente en aproximarse a la nave enemiga, embestirla y asaltarla, fue el abordaje, que es la “acción y efecto de abordar”.

El término, eminentemente marinero, no está formado, como  parece, por el prefijo a- y el verbo bordar, lo cual daría el valor de “ir a hacer labores de punto”. Está compuesto por el prefijo a-, derivado de la preposición latina ad-: “a, hacia” y el sustantivo bordo: “costado exterior de la nave”, derivado de borde, procedente del fráncico bord: “lado de la nave”, a través del francés bord: “borde, orilla”. En castellano: “ir hacia el costado de una nave”.

En este idioma entraron las formas bordo y borde como términos náuticos, con el significado de “orilla”, aplicándose bordo a la orilla de un cauce y borde a la de un navío. Curiosamente, en español y en lenguaje literario su uso se decantó al contrario, empleándose bordo en referencia al navío y borde para todo lo demás.

Evolución semántica

Abordaje, fue adoptado por la Real Academia Española, para precisar la forma de producirse esa llegada de una nave a otra: “chocando o tocando con ella, ya sea para embestirla, ya para cualquier otro fin, ya por descuido, ya fortuitamente”.

Por similitud, tomó las acepciones de: “atracar una nave a un desembarcadero, muelle o batería”, “tomar puerto, llegar a una costa, isla, etc.” y “pasar la gente de un buque a otro para embestir al enemigo”. Por extensión, en sentido figurado: “acercarse a alguien para tratar un asunto” y “emprender o plantear un negocio”.

Sus homólogas francesa aborder e inglesa to board, empleadas en léxicos marinero, militar y figurado, tienen el mismo origen que abordar. Sin embargo, el italiano emplea abbordare en términos marineros y militares y accostare, en civiles.

Curiosamente, la variante accostare no recuerda la violencia de abordar, debido a su origen latino puro, formada por el prefijo a- y el sustantivo costa, -ae: “costilla, costado”. Sus valores de “acercarse a alguien para tratar un asunto” y “emprender o plantear un negocio” se dan, por extensión y en sentido figurado, a abordar.

Por su parte, el Ejército heredó abordar de la Marina, para expresar la acción física  del encuentro de dos fuerzas que marchan o cargan una contra otra que espera estáticamente. Abordar al enemigo, en táctica, es equivalente a ejecutar el ataque o la carga, ya sea de infantería o de caballería.


Evolución histórica

Aunque no hay certeza sobre el origen de la práctica del abordaje tenemos una idea por las representaciones sobre primitivas naves de guerra, como los restos de cerámica dórica del siglo IV a. C., relativos a barcos equipados con espolones.

La primera noticia sobre esta técnica es la del abordaje realizado por los romanos a los cartagineses en la batalla de Milas, durante las guerras Púnicas. Pusieron una especie de puentes levadizos en la proa de sus naves y, cuando se presentó la vanguardia de la escuadra púnica, fueron echados sobre las naves enemigas y amarrados con garfios de hierro, comenzando la matanza.

En esta época los romanos no disponían de una palabra propia para referirse a la acción de abordar. Utilizaban las voces latinas appello: “dirigirse a uno” y applico: “aproximar”, para expresar estas acciones como: navim navi appellere: “dirigirse una nave a otra” o navim navi applicare: “aproximarse una nave a otra”.

Bordo y borde, empezaron usándose con el valor de “orilla” en época del Descubrimiento de América. La primera documentación conocida al respecto se encuentra en el Dictionarium de Nebrija, de finales del siglo XV. Bordo aparece en 1492 como voz marinera en Términos náuticos españoles de la época del descubrimiento de Woodbridge; borde en 1508 con relación a las orillas de un navío y sus derivadas, abordar en 1521 y abordaje en 1527.

A finales de la Edad Media ya se empleaba abordaje como único medio para atacar al enemigo naval. Para ello, en los navíos de guerra siempre iban hombres especializados en dirigirlo, siendo los primeros en saltar a cubierta del adversario.

Las galeras de los siglos XVI y XVII, descendientes de las birremes y trirremes romanas, llevaban tres tipos de armamento: el espolón, como arma de ataque principal para producir una gran brecha que sirviese de puente para el abordaje; la gente de guerra, que pasaba a la galera abordada por esa brecha para empeñarse en la lucha cuerpo a cuerpo, y la artillería naval, para preparar y facilitar el abordaje.

Esta técnica fue pasando a segundo plano a medida que la artillería ganaba velocidad de manejo y alcance, hasta que dejó de emplearse en las marinas de guerra a mediados del siglo XVIII. Con las nuevas tecnologías aplicadas a los buques de guerra, en el XIX renació esta práctica y con ella el uso del término. Por eso, los buques a vapor modernos, con casco metálico, se construían con espolón de proa bajo la línea de flotación con el fin de causar un gran daño al enemigo durante dicha maniobra.

Esto no duró mucho, haciéndose patente la ineficacia del espolón a finales de siglo desapareció y con él la veterana técnica del abordaje de guerra, colaborando en ello la mayor eficacia de la artillería moderna y de los nuevos torpedos.

Curiosamente, a medida que quedaba en desuso abordaje con su valor original náutico-militar, iba creciendo su empleo en sentido figurado y popular, como un galicismo con los valores de “acercarse a alguien” y “emprender algo”.

CURIOSIDADES ETIMOLÓGICAS: ALABARDERO

ALABARDERO

 

     

Alabardero

    Aunque no hay coincidencia en el origen de la palabra alabardero, tanto para referirse al militar como al del teatro, existen otras similitudes. Los dos alabarderos eran una clase de tropa y se hacían notar; el militar, por la vistosidad de su indumentaria y su peculiar arma; el del teatro, por la sonoridad de sus aplausos y los lugares que ocupaban en las últimas filas.

Alabardero, en referencia al militar, procede de la voz alemana hellebardier, que significa “componente de una tropa con alabarda”, pero en argot teatral viene del latín alapari, que quiere decir “alabarse”.

El alabardero militar

Alabardero, referido al soldado con alabarda, entró en castellano lo mismo que las voces catalana alabarder, italiana alabardiere, inglesa halberdier, portuguesa alabardeiro y francesa hallebardier, del alemán hellebardier: “componente de una tropa con alabarda”. Esta, a su vez, tiene su origen en el alemán medio helmbarte o hellebarde: “alabarda”, de helm: “mango, empuñadura” y barte: “hoja de acero”.

Comenzó a usarse en el siglo XV, como una denominación genérica del que iba armado con la llamativa alabarda, nueva arma de los infantes suizos. Sin embargo, como nombre específico de tropas de infantería nació a principios del XVI, cuando Fernando el Católico creó el Real Cuerpo de Alabarderos para su guardia personal después del atentado sufrido en Barcelona por el demente Juan de Canyamás.

Asimismo, Carlos I creó los alabarderos a caballo, llamados estradiotas. Recibieron el nombre de Guardia Amarilla en honor al color de su uniforme, a excepción de los veteranos, la Guardia Vieja, a los que se reservaba la custodia de los infantes.

Por una disposición de 1577 todos los tercios de infantería debían contar con ocho alabarderos alemanes para la guardia de su maestre de campo o coronel, recibiendo el nombre de Alabarderos del Maestre.

En 1590, para los Virreyes y Capitanes Generales de Filipinas, se formó la Sección de Alabarderos del Virrey con artilleros escogidos del Regimiento de Artillería peninsular, conservando su uniforme y cambiando el fusil y el machete por la alabarda y la espada.

Alabardero pasaría a la historia en 1931 con la disolución del Real Cuerpo de Alabarderos que nutría a los monarcas de fuerzas vistosas para su guardia de honor, dándole más autoridad y prestigio y cuya arma distintiva era la alabarda.

El alabardero del teatro

Respecto al alabardero del teatro, como componente de una claque, se trata de la persona asistente al espectáculo de forma gratuita o con alguna recompensa de los actores o empresarios, a condición de aplaudir durante la representación.

Es probable que esta voz fuera adoptada en germanía, por coincidencias y similitudes entre el alabardero militar y el del teatro, aunque tengan distintos orígenes etimológicos.

El alabardero del teatro puede asimilarse a una “tropa que aplaude”. Pero este no procede del alemán hellebardier sino del verbo alabar: “elogiar”, cuyo origen se encuentra en el latín tardío alapari: “jactarse, alabarse”. Este, a su vez, deriva del verbo alapare: “golpear”, en el sentido de “baladronear dándose golpes al pecho”, de alapa: “bofetada”, “golpe dado con la mano”, que es la acción del acto de aplaudir.

CURIOSIDADES ETIMOLÓGICAS: CADERA

CADERA

CADERA

         Que la palabra cadera, conocida normalmente por designar la región del cuerpo humano y de algunos cuadrúpedos formada por cada una de las dos partes salientes a los lados del cuerpo por los huesos superiores de la pelvis, derive de silla es un tanto extraño. También resultan extraños sus otros significados, tan dispares como “silla” en referencia al mueble para sentarse, “nalga” en lenguaje vulgar y “coxa” o primera pieza de la pata de un insecto en Zoología.

La extrañeza se disipa y se convierte en curiosidad cuando acudimos a la Ciencia Etimológica para desvelar el origen de esta palabra polisémica y de sus diferentes valores, adquiridos por el simple fenómeno de la metonimia.

En efecto, algunos lingüistas encuentran el origen de la palabra cadera en el latín quaterna, “cuarta parte”, pero lo más probable es que proceda de la denominación del objeto donde se apoya uno al sentarse, la “silla”, como era conocida esa parte de la anatomía humana en el medioevo. En tal sentido Corominas apunta que fue tomada del latín vulgar cathégra,variante del latín cathédra, “silla de brazos”, a su vez préstamo del griego antiguo kathédra,“lo que sirve para sentarse”, “asiento”, “trasero”, formado por el prefijo katá-, “movimiento de arriba abajo”  y el sustantivo hédra, “superficie plana, superficie para asentar algo”, “asiento”. Cathédra entró en el castellano por dos vías, una patrimonial produciendo cadera  y otra culta produciendo cátedra.

Por la vía culta cathédra formó cátedra con el sentido de “asiento de brazos”, “puesto fijo”, derivado de la costumbre existente en la Roma antigua de que los profesores impartían sus enseñanzas sentados en un sillón de brazos, conocido como cathédra, mientras que los alumnos lo hacían en un banquillo, denominado  subsellium. Después por metonimia funcional, evolucionaría hasta aplicarse también a la “condición docente” y más modernamente al “puesto de trabajo de un catedrático, desde donde dirige un departamento docente auxiliado por otros profesores”.

Por la vía patrimonial, cathédra formó en el castellano antiguo cádera con la acepción etimológica de “silla”, “trono”, “banco y silla con respaldo y brazos para recostarse”. La variante cadira fue usual en castellano hasta mediados del siglo XVI, como aparece en los Orígenes del Español, estado lingüístico de la Península Ibérica hasta el siglo XI, de Ramón Menéndez Pidal. Asimismo significan “trono”: cadeíra en el gallego antiguo, cadiara en el alto aragonés y, con cambio de sufijo, cadiella en el aragonés. El salto a su sentido moderno de cadera, para definir los “huesos superiores de la pelvis”, tuvo lugar en el siglo XIV, por metonimia, ya que al sentarse estos huesos forman una estructura que se asemeja a una silla de brazos. La primera documentación en tal sentido se encuentra en el Libro del Buen Amor de  hacia 1330, obra de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.

La cadera en Zoología

En Zoología, a los artejos o segmentos de la pata de los artrópodos, por equiparación con los distintos huesos de la pierna del cuerpo humano, se les ha dado los mismos nombres. Así, el artejo que une el fémur con el tórax del insecto, se puede equiparar al hueso que une el fémur con el tronco humano, recibiendo el mismo nombre de cadera o coxa. Curiosamente, aunque existe la voz latina coxa con el valor de “cadera”, esta es el origen de “cojo”, a través del latín vulgar coxus.

En Veterinaria se conoce como Mal de caderas a una enfermedad que nada tiene que ver con las los huesos salientes correspondientes a las caderas del animal, sino a una enfermedad que a veces sufren los caballos cuyo síntoma principal es una gran debilidad en el cuarto trasero, que puede llegar a convertirse en parálisis, terminando la mayoría de las veces con la muerte del cuadrúpedo.

Las caderas nalga y mujer

En lenguaje vulgar cadera tomó el significado de “nalga” por trasnominación metonímica de contacto. Aparece en las Sátiras del poeta latino Juvenal (siglos I y II d.C.), donde se le da la nueva acepción de “mujer” por el  tropo de la sinécdoque al tomar el todo por la parte.

Bibliografía

Orígenes del Español, estado lingüístico de la Península Ibérica hasta el siglo XI, Ramón Menéndez Pidal Madrid, 1926, 165.

Libro del Buen Amor de  hacia 1330 (J. Ruiz, 432 d) de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita.

–  Sátiras de Juvenal, 6, 90.

Curiosidades etimológicas ANATOMÍA

  
 
 
 
 
 
 
   Ilustración diseñada específicamente para la enseñanza de los músculos.
En De Humani Corporis Fabrica de Andreas Vesalius, anatomista italiano, 1543. De Humani Corporis Fabrica, obra que marca el renacimiento de la anatomía humana, es famosa por sus detalladas ilustraciones de disecciones humanas, a menudo en posiciones alegóricas.

Archivo: National Library of Medicine, (Histori of Medicine). Lámina: Vesalius Fabrica, I-B-1-07.jpg.


ANATOMÍA
          Anatomía es uno de los vocablos más fascinantes, sorprendentes  y curiosos que ha creado la Ciencia Etimológica, tanto por la precisión del término y por su belleza fonética, causa de su implantación en la mayoría de los idiomas del mundo, como por su evolución semántica, que ha generado múltiples acepciones, incluso en sentido figurado.
Casi todos los diccionarios definen Anatomía, en general, como la ciencia que se ocupa del estudio morfológico descriptivo de los organismos vivos. Así, la 1ª acepción de las ocho que figuran en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: “Ciencia que estudia la estructura y forma de los seres vivos y las relaciones entre las diversas partes que los constituyen”, la 2ª: “Constitución o disposición de un ser vivo o de alguna de sus partes” y la 3ª: “Cuerpo humano”. Sin embargo, ninguna de ellas corresponde al significado original del término; tenemos que ir a la 5ª entrada, poco usada en Biología, que lo define como: “Disección o separación de las partes del cuerpo de un animal o de una planta” y a la 7ª, actualmente en desuso, que lo trata como “Sección o corte”, para llegar al sentido original de la palabra con el valor de: “Estudio de la estructura del cuerpo humano o de cualquier otro organismo animal o vegetal a través de la disección”.
Para encontrar el origen del vocablo en el castellano con este sentido tenemos que indagar en el latín o en el griego, que son los idiomas de donde proceden la mayoría de nuestros términos científicos. Así llegamos a que anatomía viene del griego ánatémnein, anatémno, palabra compuesta del prefino ana-, “hacia arriba, sobre, con intensidad, del todo” y del verbo témnein, témnō, “cortar”, resultando “cortar de arriba abajo”, “diseccionar”. Después se formaría  el sustantivo anatome, con el prefijo –ana  y la forma tome, “corte”, con el valor de  “corte de arriba abajo”, “disección”.  Al pasar al castellano se le añadió el sufijo –ia, que denota cualidad, formando la palabra anatomía con el significado de “estudio o aprendizaje diseccionando”.  
Lógicamente, para estudiar la estructura y forma de cualquier ser vivo, su constitución o disposición, que es el objeto de la Anatomía, hay que cortar, diseccionar o separar sus distintos componentes; he aquí la precisión del término. Curiosamente, la evolución semántica, por los sucesivos fenómenos de metonimia, ha producido los valores principales mostrados, dejando los originales como poco usados o relegados al olvido.
La belleza de esta palabra se encuentra en su sonoridad, siendo implantada en el castellano medieval con las siguientes grafías: anathomia, anatomia, anothomia, anotomia, nothomja, notomia, calcadas del idioma original. Pero no lo hizo directamente, sino por medio del latín tardío anatomía(m) con el sentido de “disección” y “estudio de la disección” y a través del francés antiguo anatomie.
Aquí tenemos una muestra de lo fascinante del término, que apenas ha cambiado su morfología y su fonética al traspasar las fronteras idiomáticas. Como ejemplo, citaremos algunas más: En gallego es anatomía; en húngaro, anatómia; en esperanto, anatomio; en filipino, anatomya; en estonio, anatoomia; en galés,  anatomeg; en eslovaco: anatómia; en irlandés, anatamaíocht;. En catalán, euskera, finlandés, gallego, inglés, italiano, polaco y portugués, anatomia; en afrikaans, alemán, checo, holandés y rumano, anatomie; en inglés, iomalo, maorí y swahili, anatomy; en albanés, danés, indonesio, javanés, malayo, noruego, sudanés, sueco, turco y yoruba, anatomi; en azerí, bosnio, croata, esloveno, letón, lituano, maltés y uzbeka, anatomija. En macedonio suena como anatomija; en mongol, anatomi; en kazajo, ruso y tayiko, anatomiya; en serbio, anatomiya; en telugu anāṭamī; en ucraniano  anatomiya.
 Evolución semántica
En griego está documentado el uso del verbo anatémnō, “cortar, abrir” antesque el sustantivo anatomḗ, “anatomía”. Así, lo emplea Herodoto (siglo V a.C.) para describir las momificaciones egipcias, es decir para “cortar un cadáver”. Después Hipócrates (siglo IV-V a.C.) usa este verbo con el sentido de “cortar y abrir un cadáver para su estudio”, incorporando la nueva acepción de “corte que separa o abre” al dar al prefijo –ana valor de intensidad, especializándose el vocablo para designar los cortes practicados a los cadáveres para su disección.
Desde Aristóteles (siglo IV a.C.), que emplea el sustantivo Las disecciones para referirse al título de un tratado parea el estudio, los médicos, como Herasistrato (siglo III a.C.) y Galeno (siglo II a.C.) usarían el término con el sentido principal de “disección”, aunque a veces lo asociaran a “lo que se estudia o aprende en la disección”. Solamente Pseudo-Galeno (siglo IV d.C.) define la Anatomía como el “estudio y contemplación de las vísceras que están ocultas”, así figura en la edición de Karl Gottlog Kühn de Claudii Galeni Opera Omnia, (1821-1833).
En el latín medieval sigue vigente la acepción “disección”, como lo expresa Mauro, maestro de la Escuela Médica de Salerno (siglo XII-XIII d.C.), definiendo anathomia como: “Anatomía es un corte separador recto”, dando al prefijo –ana el valor de “recto” y a  thomos, “corte separador”. Sería a partir del siglo XIV d.C., cuando se emplea el término en ambos sentidos de “estudio” y “disección”. Así en la Anothomia de Mondino de Liuzzi figura como “estudio” y en la Chirugia Magnade Guy de Chauliac aparece con el doble significado de “corte separador recto”  y “estudio”, matizando en ambos sentidos de “doctrina que se explica en los libros” y “estudio experimental de cuerpos muertos”.
En castellano, el primer idioma moderno en que se documenta, lo hace el Infante Don Juan Manuel en 1325-6 en su libro El Conde Lucanor o Libro de Patronio y en su Libro de la Caza de 1337, donde expresa el significado moderno del término de “conocimientos obtenidos mediante la disección”. Posteriormente en algunos escritos aparecen los dos significados de “estudio” y “disección”.
Así, llegamos al concepto moderno del vocablo en español como los “Conocimientos obtenidos por medio de la disección, con el objeto de estudiar el número, estructura y situación de las diferentes partes del cuerpo de los animales o de las plantas”.
La anatomía en sentido figurado
Hay otra curiosidad más en este vocablo, su acepción en sentido figurado como “esqueleto” y, por extensión, la denominación dada a la “persona o animal flacos”, actualmente en desuso, pero ya empleada por Miguel de Cervantes (siglo XVI d.C.).
En su valor como “esqueleto” la palabra normalmente toma la forma antigua de notomía, también empleada para “anatomía” que, por deglutinación de la n, ha producido otomía, “autopsia”, como puede verse en Tipos y Modismes y còses rares y curioses de la Terra del Gè, de Martí Gadea, 1912-18.
 
Bibliografía
1.- Claudii Galeni Opera Omnia, ed. de Karl Gottlog Kühn,Leipzig: C. Cnobloch, 1821–1833, rpt. 19.357.
2.- El Conde Lucanor o Libro de Patronio del Infante don Juan Manuel. Ed. Knust, Leipzig 1900.
3.- Tipos y Modismes y còses rares y curioses de la Terra del Gè, V. II, 36, J. Martí Gadea, Valencia, 1912-18.
4.- Libro de la caza, Infante don Juan Manuel (p. 566 en la edición de J.M. Blecua, Madrid 1981.
5. – An Etymological Dictionary of the French Language, Brachet, A., transl. G.W. Kitchin, Oxford, 1882.
6.- Etymological Dictionary of Latin and the other Italic Languages, de Vaan, Michiel, vol. 7, of Leiden Indo-European Etymological Dictionary Series, Alexander Lubotsky ed., Leiden: Brill, 2008.
7.- Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. J. Corominas –  J. A. Pascual, Ed. Gredos, Madrid, 1980.