Conferencia basada en el libro: MARIANO GIL DE BERNABÉ “MAESTRO DE PATRIOTAS”

LA SEGURIDAD DEL GOBIERNO DE ESPAÑA EN LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

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           Impartida en el CAMPUS INTERNACIONAL PARA LA SEGURIDAD Y LA DEFENSA (CISDE), Sevilla, el 5 de abril de 2018.

         Hace 210 años España comenzaba a escribir uno de los episodios más trágicos de su historia, la Guerra de la Independencia.

La inestabilidad política existente a principios de 1808 por las discrepancias entre Carlos IV y el príncipe heredero por las alianzas con Francia, propicia el 19 de marzo la abdicación de Carlos IV a favor de su hijo Fernando, que gobernaría como Fernando VII.

El emperador francés, habiendo advertido el vacío de poder existente en España, comienza a ocupar la Península y convoca a Carlos y a Fernando.

La Junta Suprema de Gobierno

El 10 de abril de 1808 se constituye La Junta Suprema de Gobierno, como órgano de Regencia encargado de dirigir los asuntos del País en ausencia del rey, que nombra presidente a su tío el infante don Antonio Pascual.

El rey Fernando VII llega a Francia el 20 de abril y sus padres, Carlos IV y María Luisa de Parma el día 30. Carlos IV se retracta de la abdicación y Napoleón fuerza las Abdicaciones de Bayona, por las cuales Fernando y Carlos renuncian al trono de España, obteniendo de ellos los derechos a su favor.

El 2 de mayo los madrileños comienzan un levantamiento popular ante la ocupación francesa de la capital por el ejército del mariscal Murat, siendo contenido a sangre y fuego por los invasores.

¡Madrid no era un lugar seguro!

El 4 de mayo el infante abandona sus funciones como presidente de la Junta Suprema de Gobierno y huye a Francia.

El 6 de mayo la Junta Suprema recibe un decreto de Carlos IV nombrando al cuñado de Napoleón Joaquín Murat Lugarteniente del Reino para que gobernase en su nombre, en virtud de la renuncia de Fernando VII.

España estaba sin rey cuyos derechos ostentaba el Emperador hasta un nuevo nombramiento.

Ante tal estado de cosas, comienza a crearse en toda España las Juntas Supremas Provinciales o Juntas de Defensa, instituciones liberales con el fin de organizar la resistencia contra las tropas francesas y asumir el gobierno en los territorios controlados por los españoles. La primera en constituirse fue la de Asturias, el 9 de mayo. El día 27 se crea la de Sevilla, que tendría un papel destacado.

El 6 de junio Napoleón dicta un decreto por el que nombra a su hermano José rey de España.

Ese mismo día la Junta Suprema de Sevilla, emite una Declaración de Guerra al Emperador de Francia, Napoleón I.  Declaración de guerra que de forma tácita iban haciendo todas las Juntas Provinciales en el momento de su constitución. Así, el mismo 6 de junio tiene lugar la primera victoria de las tropas españolas en la Batalla del Bruc, en la provincia de Barcelona.

Los oficiales franceses reaccionan desarmando a las tropas españolas y las francesas continúan con la invasión bajando hacia el sur.

José Bonaparte, que había aceptado la corona, es proclamado rey en Madrid el día 25 de junio, acabando con ello la historia de la Junta Suprema de Gobierno.

Las Juntas Supremas Provinciales o Juntas de Defensa

Entre mayo y junio se formaron 13 Juntas Supremas Provinciales o Juntas de Defensa. Destaca por su importancia la Junta Suprema de Sevilla, bajo la presidencia del prestigioso ex secretario de Estado D. Francisco de Saavedra.

Empieza a calificarse como Junta Suprema de España e Indias, porque da una imagen de unidad y presenta a Sevilla como capital de la España no ocupada, así como por su declaración de la Guerra a Francia.

El 25 de septiembre se forma en Aranjuez la Junta Suprema Central, también conocida como Junta de Defensa del Reino y oficialmente Junta Suprema Central Gubernativa del Reino. Se constituye bajo la presidencia del conde de Floridablanca, don José Moñino y Redondo, con representantes de todas las Juntas Provinciales, asumiendo los poderes legislativo y ejecutivo.

Este fue el primer gobierno legítimo de España durante la Guerra de la Independencia, que lucharía por recobrar la libertad, cuya seguridad no le fue confiada a ningún cuerpo policial ni a ninguna milicia armada con competencias de seguridad pública.

La seguridad del gobierno de España sería encomendada a los soldados de una unidad bisoña, no profesional, el Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo, Unidad creada de forma inusitada y sin precedentes históricos.

La seguridad del Gobierno de España se encomienda al Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo.

A continuación veremos porqué y cuando los soldados de este batallón proporcionaron seguridad al Gobierno de España, actuando como escolta y guardia de honor de la Junta Suprema Central Gubernativa del Reino y del Consejo de Regencia de España e Indias, dando seguridad a las Cortes Generales de la Nación, protegiendo a los miembros del gobierno en los desplazamientos, custodiando y protegiendo los caudales públicos y finalmente, actuando como fuerzas de orden público.

A dos instituciones se debe que esto fuera realidad: La Real y Pontificia Universidad de Toledo y la Academia Militar de Sevilla.

La Universidad de Toledo, responsable de la creación de este Batallón de Voluntarios.  La Academia Militar, creada para formar oficiales de urgencia con miembros de ese Batallón principalmente, y en la que terminarían integrándose todos sus componentes, desde donde continuarían con sus cometidos de seguridad y protección al Gobierno de España.

Creación del Batallón de Voluntarios de la Universidad de Toledo.

El rector de la Real y Pontificia Universidad Toledo, consternado por los acontecimientos del 2 de mayo de 1808 en Madrid y conmocionado por el doloroso trance que atravesaba España, muestra su ferviente deseo de colaborar en su defensa. Para ello convoca un Claustro General de Doctores y Maestros de Arte el 14 de agosto de 1808.

Ante la crítica situación que atravesaba España, por la invasión francesa, la destrucción del ejército peninsular y el sentimiento nacional que recorría toda la geografía nacional, es aceptada clamorosamente su novedosa propuesta, sin precedentes históricos.

Consistía en crear un batallón para tomar parte en la Guerra de la Independencia, que también protegería inicialmente a la Junta Suprema Central en su traslado a Sevilla.

La Unidad se formaría con sus estudiantes voluntarios y sus profesores como mandos naturales y sería financiada con fondos de la propia Universidad y del Cabildo de la Ciudad.

Presentado el plan a la Junta Local de Toledo, ante su pasividad, la Universidad decide exponerlo a la Junta Suprema Central. A tal fin la Universidad comisiona ante la Junta Central al catedrático don José Manuel García de la Torre y al también catedrático y canónigo de la Iglesia Primada don Pedro de Rivero para que expongan el plan.

El patriotismo y el entusiasmo mostrados por los ponentes, unido a la importante contribución económica de 30.000 reales de vellón, fueron suficiente argumento para que los miembros del Gobierno dieran su visto bueno por unanimidad.

La Junta Central envía a Toledo al capitán de Milicias Provinciales Don Bartolomé Obeso con funciones organizativas.

La Universidad de Toledo comienza redactando una “Proclama de Alistamiento”, de gran contenido patriótico, invitando a profesores y alumnos de todas las Universidades y demás instituciones de enseñanza a alistarse en el “Batallón Universitario” que se iba a crear.

Acto seguido, procede a su comunicación al resto de profesores y alumnos, a su inmediata difusión como desafío al invasor y a su envío al resto de las Universidades, como estímulo para que lo más selecto de sus alumnos se empeñara en la noble misión de luchar por la independencia de España.

Muchos universitarios de otras ciudades se unirían a este Batallón y muchas Universidades reaccionarían creando sus propios batallones.

Primer servicio de seguridad prestado por los soldados del Batallón toledano a la Junta Central.

La proximidad de los franceses a Aranjuez hace que, la Junta Central salga hacia Sevilla el día 1 de diciembre de 1808, terminando su primera etapa en Toledo.

El día 4 el incompleto Batallón de Voluntarios, con tan solo 340 hombres, de los 600 previstos, también emprende la retirada hacia Andalucía para terminar de organizarse, equiparse y tomar armas.

De la Unidad se segregan unos 100 hombres para dar seguridad a la Junta Central en la segunda etapa de su marcha a Sevilla. Cuentan como único armamento un sable de los 180 proporcionados a la Unidad por la Real Fábrica de Armas Blancas de Toledo. Van directos a la capital de Andalucía, donde llegan el 16 de diciembre.

Lo hacen como escolta y guardia de honor del Presidente de la Junta Central D. José Moñino y Redondo y de los demás componentes de la misma (36 vocales y 1 portero);  escolta del Cardenal Arzobispo de Toledo Don Luís María de Borbón y Vallabriga y de su séquito, y protegiendo los caudales públicos y los valiosos objetos religiosos de la Catedral de Toledo, entre ellos su famosa y artística custodia de Arfe.

La Junta Central se restablece en el Palacio de los Reales Alcázares de Sevilla.

Restablecida la Junta Central en el Palacio de los Reales Alcázares de Sevilla el 16 de diciembre de 1808, toma el calificativo que se había puesto la Junta Provincial y comienza a denominarse Suprema Junta Central Gubernativa de España e Indias. Su escolta del Batallón toledano se queda como guardia de honor en espera de la llegada de sus compañeros.

El resto del Batallón hace una fatigosa marcha a pie, sin apenas armamento ni impedimenta, pero ni el hambre ni la falta de medios consiguiente a la precipitada salida de su ciudad fueron motivo para que estos valerosos soldados, igual que sus jefes, desampararan a su Bandera.

Por fortuna, eran continuamente reconfortados con expresivas muestras de gratitud y aliento prodigadas por los habitantes de los pueblos que atravesaban.

Llega a Carmona el 21, donde recibe orden de marchar a la Capital del Califato para que su gobernador, a petición del Gobierno de la Nación, le arme y equipe para que pueda incorporarse al Ejército de Extremadura.

El gobernador tiene que desistir, a pesar del gran deseo que le animaba “respecto a no tener proporción de armas, ollas de campaña, camas y demás útiles que necesita, que no pudo sacar de la ciudad de Toledo”. No obstante, alguien de la Universidad colabora con la mayor eficacia confeccionando 130 vestuarios.

El día 27, por una nueva orden del Gobierno, el Batallón reanuda la marcha inicialmente prevista a Sevilla. El día de Nochevieja entra en Alcalá de Guadaira siendo vitoreado y agasajado por el pueblo con hogazas de pan de la mejor calidad. También es recibido por el clero y la nobleza desplazados desde Sevilla.

Desgraciadamente ese mismo día fallece el Serenísimo Señor Conde de Floridablanca. Se decretan tres días de luto y el Batallón permanece en Alcalá hasta el 3 de enero, que prosigue la marcha, llegando por la mañana a la Capital.

El Batallón de Honor de la Universidad de Toledo se completa en Sevilla y sus soldados son empleados para servicios especiales.

El Batallón toledano entra en Sevilla al mando del Sargento Mayor de Milicias Provinciales, graduado de teniente coronel, Don Bartolomé Obeso con 9 oficiales y 240 voluntarios, acuartelándose en dependencias del Convento Franciscano de los Terceros, ubicado en la calle Sol.

Se hace cargo de la Unidad el teniente coronel don Juan Molina que, sin demora, comienza a completarlo con universitarios voluntarios de varios pueblos de Castilla la Nueva que estaban reunidos y desarmados dispuestos para la defensa de la Patria.

Al mismo tiempo se la va adiestrando y equipando y se la dota de 260 fusiles de construcción francesa “de mala calidad”. Al incrementarse sus efectivos a más de 600, se la dota de 400 fusiles ingleses que acaba de recibir el Parque de Artillería, “de bella construcción” y de 400 sables que usarían como distintivo de la Unidad.

Estos soldados Mostraron tal entusiasmo e interés en el servicio, que a los dos meses ya evolucionaba como las unidades más veteranas.  Al hacerse querer de sus jefes y acreedores al favor de la Junta Central, fueron honrados por ésta, en varias ocasiones, presenciando sus ejercicios y manifestando públicamente su satisfacción.

Además, la Junta Central, al comprobar que eran fieles al Gobierno legítimo cuando Sevilla atravesaba uno de los momentos más convulsos de su historia, los considera como un baluarte inexpugnable ante las intrigas propias de una ciudad bajo la amenaza de sitio.

Por eso y, siendo patente su manifiesto y declarado amor al Rey y lealtad a la Patria, la Junta Central elige a los mejores para formar su guardia de honor y ser empleados como fuerzas de orden público.

Por su aplicación y pericia militar, demostradas pública y notoriamente, la Junta Central les concede el tratamiento de “Don”, la consideración de “Distinguidos”, el uso de una “espada o sable” distintivo y vestir uniforme propio.

La Unidad gana el título de Batallón de Honor, por méritos propios, al asumir la responsabilidad de proteger los fondos públicos y los valiosos artículos religiosos en su desplazamiento a Sevilla, siendo refrendado en esta ciudad al ser seleccionada como fuerza para servicios especiales.

También, adquiere la denominación abreviada de Batallón de Voluntarios, por haberse formado con individuos de esta condición; Batallón de Línea, por intervenir en primera línea de fuego y Batallón Literario, en recuerdo de las tres Academias literarias que existían en la Universidad de Toledo: de Teología, Filosofía y Canónico-legal.

Creación de la Academia Militar de Sevilla.

Al completarse El Batallón Literario de Toledo hasta 643 hombres parte de sus efectivos son trasladados a dependencias del Convento Franciscano de San Antonio de Padua, sito en la calle San Vicente nº 91.

Allí los conoce personalmente el teniente coronel de Artillería Don Mariano Gil de Bernabé, profesor del Real Colegio de Artillería, también desplazado a Sevilla ante la presión francesa sobre Segovia, donde tenía su sede.

Recordemos, aunque sea brevemente, la figura Gil de Bernabé. Consternado y dolorido por la muerte de su gran amigo y compañero de promoción Luís Daoíz, decide vengar su muerte y hacer cuanto esté en su mano para contribuir a la liberación de España.

A tal fin, comienza redactando un Bando Revolucionario contra los franceses, que consigue levantar en armas a más de 60.000 mozos de la provincia de Segovia. Por otro lado, empieza a elaborar planes para dotar de oficiales a los ejércitos de España, con carácter de urgencia.

La inminente llegada de los franceses a Segovia hace que el Real Colegio salga de la ciudad en busca de otro lugar seguro donde continuar su labor docente.  Llega a Sevilla el 14 de marzo de 1809, después de tres meses y medio de penoso éxodo, acuartelándose en el Convento de San Laureano.

El Colegio había escogido este lugar con los efectivos de la mermada Compañía de Caballeros Cadetes que partieron de Segovia (48 en total) Una vez en Sevilla, al completarse el número en 100 efectivos más con jóvenes de esta ciudad y con la idea de acelerar y perfeccionar la instrucción de los alumnos, la Junta Gubernativa del Centro examina otros edificios para buscar una nueva ubicación para el Colegio.

El teniente coronel Gil de Bernabé en uno de los reconocimientos al Convento de San Antonio de Padua toma contacto con los soldados del Batallón Universitario de Toledo y con ellos crearía allí una Academia Militar, como veremos a continuación.

Gil de Bernabé, animado por su gran amor al servicio, y deseoso de vencer cuanto antes a los franceses, ve factible la idea de crear una Academia Militar con estos universitarios, a los que veía con excelentes cualidades, pero les faltaba preparación militar.

Era parte de un ambicioso proyecto docente para formar de urgencia a 8.000 oficiales, de los que estaban tan necesitados los ejércitos de España.

Se haría estableciendo academias en varias ciudades, con estudiantes de los batallones distinguidos de Toledo, Sevilla y Granada, bajo la protección y dirección de un vocal de la Suprema Junta Central y solicitando colaboración a los reverendos obispos respecto a los colegiales y novicios.

Por fin, después de año y medio desde que Gil de Bernabé empezara a poner en conocimiento del Gobierno varios planes útiles para la liberación de la Patria, su proyecto es aprobado.

Comienza las clases el 14 de octubre de 1809 en su propia casa, con 50 alumnos, mientras llegan los libros de texto, solicitados al Departamento de la Isla de León. Allí les trasmite los conocimientos militares adquiridos por él en su dilatada experiencia como profesor del Colegio de Artillería.

El 14 de diciembre, siendo ya coronel, tomando la economía por base y sin realizar gasto alguno de la Real Hacienda, inaugura la Academia Militar de Sevilla en dependencias del Convento Franciscano de San Antonio de Padua.

El coronel Gil de Bernabé dirige y da clases en la Academia Militar para formar en pocos meses a oficiales capaces de incorporarse a los ejércitos para combatir a los franceses en la Guerra de la Independencia. A la vez ejerce como profesor del Real Colegio de Artillería.

La Academia Militar se nutre inicialmente con 117 escolares del Batallón Literario de la Universidad de Toledo.

El 29 de diciembre de 1809 la amenaza francesa aconseja cerrar el Colegio de Artillería, pero antes son promovidos a subtenientes los 14 cadetes más aventajados, entre ellos don Dionisio hijo de Gil de Bernabé.

El coronel deja su labor en el Real Colegio, tan solo a los nueve meses de su establecimiento en Sevilla, pero sigue al frente de su recién creada Academia Militar, resistiendo el mayor tiempo posible hasta la llegada del enemigo.

El 10 de enero de 1810 se incorporan a la Academia 3 alumnos más de ese Batallón, además de 6 distinguidos del Real Cuerpo de Artillería, 1 cadete de Infantería y 2 paisanos instruidos en las matemáticas.

La Junta Suprema Central se marcha de Sevilla a la Isla de León.

El 20 de enero de 1810 los franceses invaden Andalucía. Sevilla ya no era un lugar seguro para el Gobierno de España, por lo que la Junta Central decide marcharse a la isla de León.

En la noche del 23 al 24 los vocales salen de Sevilla, dispuestos a continuar en la Isla de León su obra de gobierno y reconstituir la nación española. Unos hacen el viaje por río hasta Sanlúcar. Otros van por tierra, sufriendo graves incidentes, sobre todo en Jerez, donde son perseguidos y amenazados por el pueblo indignado, que tras la derrota del ejército de la Junta en Ocaña (19-11-1808) dejaba a las tropas francesas el paso libre hacia Andalucía.

Los miembros del Gobierno parten hacia Huelva y se refugian inicialmente en la Ermita de Nuestra Señora del Carmen, situada en la barriada de Isla Canela del pueblo de Ayamonte. Eligieron este lugar por estar amparado por su difícil acceso y su cercanía a la desembocadura del río Guadiana y a la frontera portuguesa.                         

El Gobierno abandona su refugio en Isla Canela el 27 de enero y desde Ayamonte marchan a Cádiz y a continuación a la Isla de León. Aquí la Junta Central se reinstala  ocupando el Caserío de los Coven, una finca independiente y cercada que le proporcionaba seguridad.

El Consejo de Regencia de España e Indias.

La Junta Central desacreditada después de que las tropas imperiales derrotaran a su Ejército en Ocaña, el 29 de enero expide el último decreto, por el cual se disolvía y daba paso al Consejo de Regencia de España e Indias, teniendo como misión la organización de las Cortes Constituyentes.

Esto no es suficiente para contener la revuelta e irritación del pueblo contra la Junta, pues en la noche del 30 de enero los habitantes de la Villa se amotinan, corriendo nuevamente peligro la vida de los vocales.

En consecuencia, la Junta Central apremia la entrega del poder soberano al Consejo de Regencia, que ejercería la autoridad suprema en todos los dominios españoles de ambos lados del Océano, empezando a funcionar el 31 del mismo mes, con cinco miembros, bajo la presidencia de don Francisco Javier Castaños, que gracias a su serenidad y prestigio no se lamentaron desgracias personales.

Clausura de la Academia y Militar y marcha a la Isla de León.

Dejemos por un momento la Isla de León y volvamos a Sevilla. El 28 de enero el coronel Gil de Bernabé pronuncia su última lección en la Academia Militar. En ella dirige a sus alumnos unas sentidas y emotivas palabras, de hondo valor ético, muy apropiadas en tan críticos momentos de zozobra e incertidumbre porque les disipó sus inquietudes, les infundió valor, les levantó la moral y les restableció la serenidad.

A continuación, efectúa la entrega de despachos a los primeros 20 universitarios promovidos a oficiales. En su alocución los anima, diciéndoles que serían los mejores oficiales de Europa y pronostica que algunos llegarían a alcanzar las más altas cotas en la milicia.

Ese día el Batallón de Voluntarios de Honor de Toledo sale de Sevilla para unirse al Ejército del Duque de Alburquerque, D. José María de la Cueva y de la Cerda, que se apresuraba para la defensa de la Isla de León.

Gil de Bernabé, habiendo sido nombrado comandante de uno de los sectores defensivos de la ciudad, con misión de proteger la batería que defiende el barrio de Triana y sus monumentos, parte sin demora para su cometido con sus alumnos del Batallón toledano y con su hijo de 15 años, recientemente promovido a oficial en el Real Colegio de Artillería en San Laureano.

En este cometido permanece hasta las cuatro de la mañana del día 30, que se retira a la cercana villa de Castilleja de la Cuesta por la llegada de los franceses.

Tras la generosa capitulación de Sevilla del 31 de enero, comienza su marcha hacia el condado de Niebla con los profesores y alumnos de su Academia, escoltando el convoy con los caudales públicos gestionados por la Junta Central.

Llegan a Ayamonte el 5 de febrero, el mismo día que los franceses ponen cerco a la Isla de León y Cádiz. El coronel en Ayamonte, con todos los oficiales bajo su mando y más de 100 de Artillería y los cadetes del disuelto Real Colegio que encontró en el camino, esperan la oportunidad para embarcar hacia Cádiz.

En Isla Canela disuelve la Academia Militar y con sus alumnos del Batallón toledano se le encomienda la custodia de los caudales públicos que habían escoltado desde Sevilla, hasta su repliegue a la Isla de León.

El 26 de febrero llega la expedición de Gil de Bernabé a la Isla de León y el coronel entrega los fondos públicos transportados por sus alumnos del Batallón de la Universidad de Toledo al Consejo de Regencia.

El 4 de marzo el Consejo de Regencia ocupa el Convento de la Enseñanza de María, donde queda establecida la sede del Gobierno de la Nación (Consejo de Regencia y Cortes Generales)

De nuevo los soldados del Batallón toledano montan su guardia de honor y son empleados como Fuerzas de Orden Público.

De esta forma, Cádiz, bajo el cruel sitio del Mariscal Víctor, se convierte en un símbolo de la oposición nacional a la invasión gala y se erige en la capital de la España no ocupada, sede de la Regencia y de las Cortes Generales.

Restablecimiento de la Academia Militar en la Isla de León

La necesidad perentoria de contar el Ejército con más oficiales hace que la solicitud del coronel Gil de Bernabé de restablecer en la Isla de León su Academia Militar sea aprobada.

El Centro se restablece el 24 de marzo con el nombre de “Nacional y Patriótica Academia Militar de la Isla de León”, y a su director, el coronel Gil de Bernabé bien se le podría dar el título de “Maestro de Patriotas”.

La Junta de Cádiz se declara protectora de la Academia con una donación de 20.000 reales durante varios años. El 3 de enero de 1812 cambiaría su denominación por “Escuela Militar del 4º Ejército”.

Profesores y alumnos se alojan en los pabellones “del Hospital” de la población de San Carlos y la Academia se instala en el edificio de Carlos III, que estaba siendo ocupado por la Escuela de Pilotos de la Armada

Gil de Bernabé forma el cuadro docente con personal de su confianza, profesores que habían ejercido en Sevilla, oficiales del Ejército y de la Armada, soldados expertos en enseñanza y varios civiles, algunos de ellos religiosos. Don José García de la Torre, vocal de la Junta Central Suprema por Toledo y uno de los impulsores para la creación del Batallón toledano, imparte Historia Sagrada y Profana.

Los alumnos procedentes del Batallón toledano, con su director al frente, además de asistir a las clases, acuden a todas las alarmas y combaten, con la misión principal de defender el Arsenal de la Carraca y el Campamento de Sancti Petri. Asimismo, nuevamente sirven al lado del Gobierno legítimo dando protección a los miembros del Consejo de Regencia y desempeñando funciones de orden público.

El 10 de mayo tiene lugar el acto solemne de entrega de la Bandera a la Academia en la Iglesia de las Carmelitas Descalzas, Iglesia sería la sede parlamentaria en 1813. Don Pedro Inocencio Bejarano, Obispo de Sigüenza, bendice la Enseña y hace su entrega en representación de las Cortes de Cádiz.

El Centro adopta la misma del Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo, conocida como “La Universitaria”, que se cubriría de gloria durante la Guerra de la Independencia.

Todos los soldados del Batallón toledano se integran en la Nacional y Patriótica Academia Militar de la Isla de León.

En el mes de abril, cuando se restaura la Academia Militar el Batallón toledano contaba con 636 soldados, de los que 36 fueron ascendidos y destinados a Álava y La Rioja.

En mayo de 1810 el Centro ya contaba con 150 universitarios de Toledo. Fecha en la que también se incorporarían 200 cadetes y subtenientes del Ejército para completar su formación, los distinguidos de la Real Maestranza de Ronda y todos los cadetes del Real Colegio de Artillería, hasta el mes de agosto, que se trasladaron a Cádiz. Con estos efectivos se forma el Batallón de la Academia.

A finales de agosto el Consejo de Regencia dispone la incorporación a la Academia de otros 300 soldados del Batallón toledano.

En septiembre el Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo se extingue al no poder completarse con individuos de las cualidades prevenidas en su constitución.  Los pocos que quedan son agregados a distintos Cuerpos del Ejército en clase de distinguidos y la mayoría de su oficialidad a la Academia Militar.

Desde este momento todos los servicios de seguridad, protección de autoridades y orden público serían prestados por los soldados del Batallón de la Academia Militar de la Isla de León.

 En total llegó a tener 650 universitarios de Toledo y cadetes y subtenientes del Ejército.

A finales de 1810 la Academia Militar de Gil de Bernabé, en la época de su mayor esplendor, prosperó tanto que llegó a promover a 647 alumnos a subtenientes de Infantería y Caballería, incorporándose inmediatamente al ejército para cubrir vacantes de sus Armas. Asimismo, llegó a preparar a numerosos soldados de varias promociones para su ingreso en los Cuerpos Facultativos de Artillería e Ingenieros.

Los ocho alumnos que destacaron por su aplicación fueron premiados con un sable de honor por la Junta de Cádiz.

La seguridad de los diputados en la primera sesión de las Cortes Generales.

El primer servicio importante que realizan los soldados del batallón de alumnos de la Academia de Gil de Bernabé tiene lugar el 24 de septiembre de 1810, con motivo del acontecimiento histórico que vive la Villa, que cambiaría el rumbo de la Historia de España.

Los diputados de las Cortes, una vez aprobada la fórmula de juramento en sus correspondientes Casas Consistoriales, se disponen a celebrar la primera sesión de las Cortes Generales de la Nación.

En la Iglesia Mayor Parroquial de San Pedro y San Pablo realizan el juramento de sus nombramientos y después se trasladan al Teatro Cómico de la Villa donde celebran la primera sesión de las Cortes Generales.

En todo momento protegidos por los soldados del Batallón de alumnos de la Academia Militar.

El acto comienza con una procesión cívica por la Isla de León con los 104 diputados (57 titulares y 47 suplentes), vestidos de negro, hasta la Iglesia Mayor Parroquial de San Pedro y San Pablo.

Soldados del batallón de alumnos de la Academia Militar con Tropas de la Casa Real, cubren la carrera por donde desfilan los diputados, siendo aclamados por el pueblo mientras tañían las campanas de la Villa, acompañadas por el tronar de  las salvas de artillería.

En la Iglesia Mayor Parroquial, quedaron constituidas las Cortes Generales  de la Nación ante el obispo de Orense, monseñor Pedro de Quevedo, que también hacía las veces de presidente regente. Los diputados prestan el juramento correspondiente a sus nombramientos sobre el Evangelio y a continuación entonan un solemne Te Deum de acción de gracias.

Acto seguido las Cortes se reúnen en su primera sesión extraordinaria y constituyente en el humilde Teatro Cómico de la Villa, acoplado a tal efecto en forma de hemiciclo, montando una guardia de seguridad los soldados del Batallón de la Academia Militar.

Las Cortes, en su primer decreto proclaman ser depositarias del mandato de la nación y se erigen como poder constituyente, con el derecho a establecer leyes fundamentales, asumiendo la división de poderes y atribuyendo la plena soberanía al rey Fernando VII.

En la calle se levantó un intenso clamor popular, ante la noticia de los decretos promulgados por el primer Congreso Nacional, siendo controlada la muchedumbre por los soldados del Batallón de alumnos de la Academia Militar actuando como fuerzas de orden público.

La intervención estos soldados, sirviendo al Gobierno de la Nación, reportaría ciertas mejoras para la Academia Militar. Con el apoyo económico de la Junta de Cádiz Gil de Bernabé construyó una biblioteca y adquirió unos 1.100 volúmenes, la mayoría obras científicas; puso en marcha una imprenta para los libros de texto y otras publicaciones. Abrió una enfermería y una capilla, donde el capellán impartía educación básica a una sección formada por los huérfanos de guerra más pequeños.

La seguridad de las Cortes Generales en su traslado a Cádiz.

La segunda intervención histórica de los soldados del Batallón de alumnos de la Academia de Gil de Bernabé tuvo lugar en febrero de 1811 para dar protección a las Cortes Generales de la Nación en su traslado a Cádiz

El 18 de febrero, la incipiente epidemia de fiebre amarilla y el inminente peligro que corrían los diputados en caso de que los franceses rompieran el cerco a la Isla de León, precipitó a las Cortes Generales a la búsqueda de un lugar más alejado del enemigo, donde pudieran continuar su labor y, desde donde pudieran huir hacia un puerto libre de la España del otro lado del Océano.

Esto determina la celebración de su última sesión en la Isla de León el día 20 de febrero y, a continuación, su marcha a Cádiz, donde la insularidad y el apoyo de la armada inglesa garantizarían la seguridad de los diputados en sus reuniones.

De nuevo intervienen los soldados del Batallón de alumnos de la Academia Militar para dar escolta a los diputados en su traslado a Cádiz.

Las Cortes continúan las sesiones de trabajo el día 24 de febrero en el Oratorio de San Felipe de Neri de Cádiz, proporcionándoles protección las mismas fuerzas.

Otra vez cuando intervienen los alumnos de la Academia de Militar dando seguridad a los representantes de la Nación hay buenas noticias para el “Maestro de Patriotas”, pues el 1 de marzo la Regencia publica un Reglamento, unificando la instrucción de todos los centros de enseñanza castrense y creando una Escuela Militar en cada uno de los seis Ejércitos para formar a los cadetes de Infantería y Caballería y preparar alumnos para su ingreso en los Cuerpos Facultativos de Artillería e Ingenieros.

El modelo que seguir, con algunas adaptaciones, estaba basado en la experiencia docente, plan de estudios y régimen interior de la Academia Militar de la Isla de León del coronel Gil de Bernabé, que se constituía en la Escuela Militar del 4º Ejército.

La seguridad de las Cortes Generales en la promulgación de la “Constitución de la Pepa”

El 19 de marzo de 1812 nuevamente intervienen los soldados del Batallón de alumnos de la Academia Militar para dar Seguridad a las Cortes Generales de la nación en la histórica sesión que iban a celebrar.

Se trataba de la promulgación de la novedosa Constitución, bautizada con el sobrenombre de “La Pepa”, que redactaron las Cortes Generales de la Nación reunidas en el Oratorio de San Felipe Neri. Su gran importancia histórica radicaba en ser la primera Carta Magna española y una de las más liberales de su tiempo.

Los soldados del batallón de alumnos de la Academia de Mariano, actuando como fuerzas de orden público, con su resistencia y determinación posibilitaron la firma del texto constitucional por parte de los diputados.

Terminado el acto se desplazaron a la Iglesia del Carmen, donde celebraron un solemne Te Deum de acción de gracias, siempre protegidos por las mismas fuerzas.

Ese día, de inclemente temporal, los gaditanos sufrieron la furia de las aguas y de los vientos al pie de los tablados, donde los secretarios de las Cortes se esforzaban en dar lectura al Texto Constitucional.

Numerosos ciudadanos, prácticamente todo el pueblo de Cádiz y de la Isla de León, ignorando el mal tiempo, vitoreaban con gran euforia su advenimiento. Los soldados del Batallón de alumnos de la Academia Militar actuando como fuerzas de orden público posibilitaron que la jornada transcurriera sin desordenes.

Otra vez más la intervención de estos soldados sirviendo al Gobierno de la Nación, actuando como fuerzas de orden público, traería beneficios para su Academia. El coronel Gil de Bernabé, con el alivio económico proporcionado por la Junta de Cádiz practicó varias reformas en el Centro. Entre ellas, el cambio de uniforme y la incorporación el uso de los cordones como distintivo de los alumnos, ostentado por los cadetes de cuerpo según la ordenanza de 1762.

Resumiendo:

Acabamos de ver como la determinación del coronel Gil de Bernabé, de instruir de urgencia hombres para servir como oficiales en los ejércitos de España, movería a los universitarios procedentes del Batallón de Voluntarios de la Universidad de Toledo y de otras ciudades, con su tesón y patriotismo, a influir en la marcha de la Historia.

También hemos visto como en la Guerra de la Independencia estos soldados-universitarios, desde la creación de su Unidad, estuvieron íntimamente ligados al Gobierno legítimo de España.

CONCLUSIONES:

De todo ello podemos sacar las siguientes conclusiones:

1º.- Los soldados del Batallón de Voluntarios de Honor de la Universidad de Toledo, al hacerse acreedores a la confianza del Gobierno, además de atender a sus cometidos militares específicos, serían empleados para su guardia de honor, para la protección de sus miembros en los desplazamientos, para la custodia del Real Erario y para actuar como fuerzas de orden público.

2º.- La importancia histórica del Batallón de Voluntarios de la Universidad de Toledo se encuentra en su legado.

Su herencia continuaría intermitentemente a través de las Milicias Universitarias, que sentarían las bases para la formación de la Oficialidad de Complemento, con un magnífico historial y excelentes resultados, y la actual clase de Reservistas Voluntarios.

Asimismo, propiciaría la unión Ejército – Universidad a través de diversos proyectos docentes; el más reciente, la formación civil y militar de los cuadros de mando del Ejército, terminando sus estudios con la obtención de un título civil además de su despacho profesional.

3º.- Con estos soldados-universitarios se crearía la Academia Militar de Sevilla, considerada como la primera Academia Militar de tipo General de España, que proporcionaría oficiales de todas las armas para ponerse al frente de las tropas españolas en la Guerra de la Independencia.

Su herencia, trasmitida a lo largo de la Historia, llevó a la apertura de sucesivos Colegios-Academias Generales Militares, siendo el último la prestigiosa Academia General Militar de Zaragoza, en 1927, crisol de esencias castrenses donde la oficialidad de nuestro Ejército recibe una esmerada formación militar y civil.

4º.- La simbiosis Gobierno, Universidad de Toledo, Ejército y Academia

Militar de Sevilla en el contexto de la Guerra de la Independencia, con su sentido moral y patriótico, nos recuerda:

              . Que la defensa de la Patria es una tarea colectiva de todos los ciudadanos, aunque el esfuerzo principal corresponda a las Fuerzas Armadas.

             . Que la defensa de la Patria se sustenta, sin lugar a dudas, en el orgullo de una conciencia nacional, en el sentimiento hacia un patrimonio común y en la identificación con nuestra historia.

Valores que están presentes a través de los símbolos de la Nación: Bandera, Escudo e Himno, representativos de su Historia.

Valores que se han mantenido en nuestra tierra a través de los siglos y que poseían los soldados del Batallón Literario de Toledo.

 Esto es lo que hizo vibrar a los jóvenes universitarios toledanos, al unísono con su profesorado, por encima de cualquier diferencia humana, al ser estimulados por su Rector en una Proclama histórica llamándoles a empuñar las armas contra el invasor.

Y esto es lo que movió al Gobierno de España a confiar en ellos para ser empleados para su SEGURIDAD y como FUERZAS DEL ORDEN PÚBLICO.

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VALORES-3

REPORTAJE FOTOGRÁFICO

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VÍDEOS DE LA CONFERENCIA

 

 

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