MARIANO GIL DE BERNABÉ “MAESTRO DE PATRIOTAS”

MARIANO

Sinopsis

Es la historia de amor y sacrificio, por la familia y por la Patria, de don Mariano Gil de Bernabé, extraordinario militar y docente, profesor de artilleros, entregado en cuerpo y alma a su profesión, que alcanzaría el empleo de coronel de Artillería. También fue un gran patriota y “Maestro de Patriotas, que prestaría relevantes servicios a España, principalmente durante la Guerra de la Independencia.

Por su privilegiada inteligencia y dedicación a la profesión, en 1787, encontrándose como subteniente en su primer destino en el Departamento de Barcelona, se le encomienda el dibujo de las láminas del célebre Tratado de Artillería de don Tomás Morla. Con ello se completaba tan importante obra, declarada texto en el Real Colegio de Artillería, elogiada por muchos países europeos, hasta el punto que cuando los franceses evacuaron el Alcázar de Segovia por la pérdida de la guerra, se llevaron consigo todos los ejemplares existentes en sus dependencias.

Por su aplicación y dotes para la enseñanza es reclamado por el Director General de Artillería para asistir al primer curso de Química, la nueva ciencia cuya enseñanza se implantaría en el Real Colegio y de la que sería nombrado su profesor en 1792 con el empleo de teniente.

Por su gran patriotismo, al principio de la Guerra de la Independencia y consternado por la vil y heroica muerte de su amigo y compañero de promoción don Luis Daoíz, siendo teniente coronel a él se debe la redacción en Segovia en 1808 de una Proclama contra los franceses, consiguiendo levantar en armas a toda la provincia y movilizar a más de 60.000 mozos en menos de un mes. Incorporado al Ejército de Castilla la Vieja, es nombrado secretario y ayudante de campo de los generales en jefe e interviene con éxito en una arriesgada misión, logrando salvar la vida, en el transcurso de la batalla de Medina de Rioseco.

Durante el éxodo del Real Colegio, con motivo de la ocupación francesa de Segovia, en busca de otra ciudad para establecerse y poder continuar la docencia, en Lisboa se le encomienda la delicada misión de conducir hasta la cárcel de Sevilla a dos individuos acusados de reos de lesa-nación. Realiza el viaje por su cuenta y verificando tan extraordinario servicio con el celo que le caracterizaba, originándole grandes gastos, sin auxilio del Real Erario y sin que hiciera reclamación alguna, porque, según el mismo manifestaría, prefería vivir en la miseria y sin lecho donde reposar antes que molestar y pedir algo a su asfixiada Nación.

 En 1809, establecido el Real Colegio de Artillería en el Convento de San Laureano de Sevilla, Mariano se aloja en el Colegio del Convento con toda su familia. Su esposa fue la única mujer de todos los componentes de la expedición que siguió a su marido con sus seis hijos pequeños, uno de pecho y otro enfermo, y dos amas. Allí les dan la noticia del secuestro todos los bienes y numerosas propiedades de ambos, en Castilla y Aragón, que prefieren perder antes que unirse a la causa de los afrancesados.

Siendo profesor del Real Colegio, su patriotismo le lleva a unir su proyecto, de formar oficiales de urgencia para combatir a los franceses, con el de la Universidad de Toledo, que había creado un Batallón de Voluntarios de Honor con sus escolares, con el mismo fin. El resultado consolida en una Academia Militar, bajo su dirección, cuyas clases comienza en su propia casa. Al mes siguiente la inaugura en el Convento de San Antonio de Padua de Sevilla, constituyéndose, el ya coronel, en el creador de la primera academia militar de tipo general, que, además, con la Universidad de Toledo sería la precursora de la milicia universitaria.

Cuando se disuelve su Academia Militar por la entrada de los franceses, Mariano la restablece y dirige en 1810 en La Isla de León, donde a finales de año ya había promovido a 647 alumnos de Infantería y Caballería a subtenientes. Además, en su Academia da continuidad a la enseñanza de los cadetes del Real Colegio de Artillería, también disuelto por la ocupación gala, como primer profesor, llegando a promover a 69 oficiales del Arma y a organizar un segundo curso de preparación para el ingreso en los Cuerpos Facultativos de Artillería e Ingenieros.

En la Isla de León compagina las clases con servicios de armas para la defensa de la población, a veces con importantes actuaciones. Interviene con sus alumnos en la protección de los diputados que celebran la primera sesión de las Cortes Generales de la Nación; en la protección de estos cuando se trasladan a Cádiz para continuar allí las sesiones en el Oratorio de San Felipe de Neri, donde promulgan la novedosa Constitución de “La Pepa” y donde sus alumnos, actuando como fuerzas de orden público, con su resistencia y determinación, posibilitan la firma del texto constitucional y protegen a los diputados una vez terminado el acto en su desplazamiento a la Iglesia del Carmen, donde celebran un solemne Te Deum de acción de gracias.

Es el único militar que forma parte de la Junta de Instrucción Pública de Cortes, creada, trabajando para la mejora de las leyes y reglamentos requeridos por las reformas de la Nación. También se hace cargo de la Dirección General de Artillería, en cuyo cometido realiza varios estudios de utilidad para el Ejército.

 Los innumerables y relevantes servicios prestados por Mariano a su País, principalmente durante la Guerra de la Independencia y la trascendencia de sus proyectos le honrarían ocupando un lugar privilegiado en la Historia de la Enseñanza Militar en España.

Esto le llevaría a ingresar a en la Galería de Artilleros Ilustres con sus contemporáneos los generales don Tomás de Morla y don Vicente María de Maturana por sus actuaciones para derrotar a los franceses. Morla, artífice de la derrota de la Escuadra del Almirante Rosilly con el magistral despliegue artillero que realizó en la bahía de Cádiz; Maturana, autor de la artillería volante que contribuyó decisivamente a la victoria española en la Batalla de Bailén; Gil de Bernabé con su contribución a la derrota definitiva, desde su puesto como profesor de la Academia Militar creada por él, preparando oficiales de todas las Armas para incorporarse a los ejércitos de operaciones.

Asimismo el reconocimiento que le hizo la Armada española como personaje insigne, haría que le dieran cobijo para su descanso eterno en su santuario del Panteón de Marinos Ilustres, siendo el único militar del Ejército de Tierra que reposa en tan digno lugar.

Estos privilegios históricos y los múltiples reconocimientos a la labor de Mariano, como persona ilustre, realizados a lo largo del tiempo avalan, sin duda, que el coronel, en su día, independientemente de otras consideraciones, se le debería haber otorgado el ascenso a brigadier.

Finalmente, por su faceta más destacada, don Mariano Gil de Bernabé bien puede considerarse como el paradigma del profesor militar, haciéndose acreedor al título de “Maestro de Patriotas”, tanto por su plena dedicación para formar oficiales de Artillería patriotas en el Real Colegio del Arma, como oficiales patriotas de las Armas Generales en la Academia Militar creada por él con estudiantes universitarios, por cuya dedicación le llegaría a costar la vida.

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