Curiosidades etimológicas ABORDAJE

ABORDAJE   Abordaje de Pratt.

La primera técnica de combate naval ofensivo, consistente en aproximarse a la nave enemiga, embestirla y asaltarla, fue el abordaje, que es la “acción y efecto de abordar”.

El término, eminentemente marinero, no está formado, como  parece, por el prefijo a- y el verbo bordar, lo cual daría el valor de “ir a hacer labores de punto”. Está compuesto por el prefijo a-, derivado de la preposición latina ad-: “a, hacia” y el sustantivo bordo: “costado exterior de la nave”, derivado de borde, procedente del fráncico bord: “lado de la nave”, a través del francés bord: “borde, orilla”. En castellano: “ir hacia el costado de una nave”.

En este idioma entraron las formas bordo y borde como términos náuticos, con el significado de “orilla”, aplicándose bordo a la orilla de un cauce y borde a la de un navío. Curiosamente, en español y en lenguaje literario su uso se decantó al contrario, empleándose bordo en referencia al navío y borde para todo lo demás.

Evolución semántica

Abordaje, fue adoptado por la Real Academia Española, para precisar la forma de producirse esa llegada de una nave a otra: “chocando o tocando con ella, ya sea para embestirla, ya para cualquier otro fin, ya por descuido, ya fortuitamente”.

Por similitud, tomó las acepciones de: “atracar una nave a un desembarcadero, muelle o batería”, “tomar puerto, llegar a una costa, isla, etc.” y “pasar la gente de un buque a otro para embestir al enemigo”. Por extensión, en sentido figurado: “acercarse a alguien para tratar un asunto” y “emprender o plantear un negocio”.

Sus homólogas francesa aborder e inglesa to board, empleadas en léxicos marinero, militar y figurado, tienen el mismo origen que abordar. Sin embargo, el italiano emplea abbordare en términos marineros y militares y accostare, en civiles.

Curiosamente, la variante accostare no recuerda la violencia de abordar, debido a su origen latino puro, formada por el prefijo a- y el sustantivo costa, -ae: “costilla, costado”. Sus valores de “acercarse a alguien para tratar un asunto” y “emprender o plantear un negocio” se dan, por extensión y en sentido figurado, a abordar.

Por su parte, el Ejército heredó abordar de la Marina, para expresar la acción física  del encuentro de dos fuerzas que marchan o cargan una contra otra que espera estáticamente. Abordar al enemigo, en táctica, es equivalente a ejecutar el ataque o la carga, ya sea de infantería o de caballería.


Evolución histórica

Aunque no hay certeza sobre el origen de la práctica del abordaje tenemos una idea por las representaciones sobre primitivas naves de guerra, como los restos de cerámica dórica del siglo IV a. C., relativos a barcos equipados con espolones.

La primera noticia sobre esta técnica es la del abordaje realizado por los romanos a los cartagineses en la batalla de Milas, durante las guerras Púnicas. Pusieron una especie de puentes levadizos en la proa de sus naves y, cuando se presentó la vanguardia de la escuadra púnica, fueron echados sobre las naves enemigas y amarrados con garfios de hierro, comenzando la matanza.

En esta época los romanos no disponían de una palabra propia para referirse a la acción de abordar. Utilizaban las voces latinas appello: “dirigirse a uno” y applico: “aproximar”, para expresar estas acciones como: navim navi appellere: “dirigirse una nave a otra” o navim navi applicare: “aproximarse una nave a otra”.

Bordo y borde, empezaron usándose con el valor de “orilla” en época del Descubrimiento de América. La primera documentación conocida al respecto se encuentra en el Dictionarium de Nebrija, de finales del siglo XV. Bordo aparece en 1492 como voz marinera en Términos náuticos españoles de la época del descubrimiento de Woodbridge; borde en 1508 con relación a las orillas de un navío y sus derivadas, abordar en 1521 y abordaje en 1527.

A finales de la Edad Media ya se empleaba abordaje como único medio para atacar al enemigo naval. Para ello, en los navíos de guerra siempre iban hombres especializados en dirigirlo, siendo los primeros en saltar a cubierta del adversario.

Las galeras de los siglos XVI y XVII, descendientes de las birremes y trirremes romanas, llevaban tres tipos de armamento: el espolón, como arma de ataque principal para producir una gran brecha que sirviese de puente para el abordaje; la gente de guerra, que pasaba a la galera abordada por esa brecha para empeñarse en la lucha cuerpo a cuerpo, y la artillería naval, para preparar y facilitar el abordaje.

Esta técnica fue pasando a segundo plano a medida que la artillería ganaba velocidad de manejo y alcance, hasta que dejó de emplearse en las marinas de guerra a mediados del siglo XVIII. Con las nuevas tecnologías aplicadas a los buques de guerra, en el XIX renació esta práctica y con ella el uso del término. Por eso, los buques a vapor modernos, con casco metálico, se construían con espolón de proa bajo la línea de flotación con el fin de causar un gran daño al enemigo durante dicha maniobra.

Esto no duró mucho, haciéndose patente la ineficacia del espolón a finales de siglo desapareció y con él la veterana técnica del abordaje de guerra, colaborando en ello la mayor eficacia de la artillería moderna y de los nuevos torpedos.

Curiosamente, a medida que quedaba en desuso abordaje con su valor original náutico-militar, iba creciendo su empleo en sentido figurado y popular, como un galicismo con los valores de “acercarse a alguien” y “emprender algo”.

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