Curiosidades etimológicas ANATOMÍA

  
 
 
 
 
 
 
   Ilustración diseñada específicamente para la enseñanza de los músculos.
En De Humani Corporis Fabrica de Andreas Vesalius, anatomista italiano, 1543. De Humani Corporis Fabrica, obra que marca el renacimiento de la anatomía humana, es famosa por sus detalladas ilustraciones de disecciones humanas, a menudo en posiciones alegóricas.

Archivo: National Library of Medicine, (Histori of Medicine). Lámina: Vesalius Fabrica, I-B-1-07.jpg.


ANATOMÍA
          Anatomía es uno de los vocablos más fascinantes, sorprendentes  y curiosos que ha creado la Ciencia Etimológica, tanto por la precisión del término y por su belleza fonética, causa de su implantación en la mayoría de los idiomas del mundo, como por su evolución semántica, que ha generado múltiples acepciones, incluso en sentido figurado.
Casi todos los diccionarios definen Anatomía, en general, como la ciencia que se ocupa del estudio morfológico descriptivo de los organismos vivos. Así, la 1ª acepción de las ocho que figuran en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua es: “Ciencia que estudia la estructura y forma de los seres vivos y las relaciones entre las diversas partes que los constituyen”, la 2ª: “Constitución o disposición de un ser vivo o de alguna de sus partes” y la 3ª: “Cuerpo humano”. Sin embargo, ninguna de ellas corresponde al significado original del término; tenemos que ir a la 5ª entrada, poco usada en Biología, que lo define como: “Disección o separación de las partes del cuerpo de un animal o de una planta” y a la 7ª, actualmente en desuso, que lo trata como “Sección o corte”, para llegar al sentido original de la palabra con el valor de: “Estudio de la estructura del cuerpo humano o de cualquier otro organismo animal o vegetal a través de la disección”.
Para encontrar el origen del vocablo en el castellano con este sentido tenemos que indagar en el latín o en el griego, que son los idiomas de donde proceden la mayoría de nuestros términos científicos. Así llegamos a que anatomía viene del griego ánatémnein, anatémno, palabra compuesta del prefino ana-, “hacia arriba, sobre, con intensidad, del todo” y del verbo témnein, témnō, “cortar”, resultando “cortar de arriba abajo”, “diseccionar”. Después se formaría  el sustantivo anatome, con el prefijo –ana  y la forma tome, “corte”, con el valor de  “corte de arriba abajo”, “disección”.  Al pasar al castellano se le añadió el sufijo –ia, que denota cualidad, formando la palabra anatomía con el significado de “estudio o aprendizaje diseccionando”.  
Lógicamente, para estudiar la estructura y forma de cualquier ser vivo, su constitución o disposición, que es el objeto de la Anatomía, hay que cortar, diseccionar o separar sus distintos componentes; he aquí la precisión del término. Curiosamente, la evolución semántica, por los sucesivos fenómenos de metonimia, ha producido los valores principales mostrados, dejando los originales como poco usados o relegados al olvido.
La belleza de esta palabra se encuentra en su sonoridad, siendo implantada en el castellano medieval con las siguientes grafías: anathomia, anatomia, anothomia, anotomia, nothomja, notomia, calcadas del idioma original. Pero no lo hizo directamente, sino por medio del latín tardío anatomía(m) con el sentido de “disección” y “estudio de la disección” y a través del francés antiguo anatomie.
Aquí tenemos una muestra de lo fascinante del término, que apenas ha cambiado su morfología y su fonética al traspasar las fronteras idiomáticas. Como ejemplo, citaremos algunas más: En gallego es anatomía; en húngaro, anatómia; en esperanto, anatomio; en filipino, anatomya; en estonio, anatoomia; en galés,  anatomeg; en eslovaco: anatómia; en irlandés, anatamaíocht;. En catalán, euskera, finlandés, gallego, inglés, italiano, polaco y portugués, anatomia; en afrikaans, alemán, checo, holandés y rumano, anatomie; en inglés, iomalo, maorí y swahili, anatomy; en albanés, danés, indonesio, javanés, malayo, noruego, sudanés, sueco, turco y yoruba, anatomi; en azerí, bosnio, croata, esloveno, letón, lituano, maltés y uzbeka, anatomija. En macedonio suena como anatomija; en mongol, anatomi; en kazajo, ruso y tayiko, anatomiya; en serbio, anatomiya; en telugu anāṭamī; en ucraniano  anatomiya.
 Evolución semántica
En griego está documentado el uso del verbo anatémnō, “cortar, abrir” antesque el sustantivo anatomḗ, “anatomía”. Así, lo emplea Herodoto (siglo V a.C.) para describir las momificaciones egipcias, es decir para “cortar un cadáver”. Después Hipócrates (siglo IV-V a.C.) usa este verbo con el sentido de “cortar y abrir un cadáver para su estudio”, incorporando la nueva acepción de “corte que separa o abre” al dar al prefijo –ana valor de intensidad, especializándose el vocablo para designar los cortes practicados a los cadáveres para su disección.
Desde Aristóteles (siglo IV a.C.), que emplea el sustantivo Las disecciones para referirse al título de un tratado parea el estudio, los médicos, como Herasistrato (siglo III a.C.) y Galeno (siglo II a.C.) usarían el término con el sentido principal de “disección”, aunque a veces lo asociaran a “lo que se estudia o aprende en la disección”. Solamente Pseudo-Galeno (siglo IV d.C.) define la Anatomía como el “estudio y contemplación de las vísceras que están ocultas”, así figura en la edición de Karl Gottlog Kühn de Claudii Galeni Opera Omnia, (1821-1833).
En el latín medieval sigue vigente la acepción “disección”, como lo expresa Mauro, maestro de la Escuela Médica de Salerno (siglo XII-XIII d.C.), definiendo anathomia como: “Anatomía es un corte separador recto”, dando al prefijo –ana el valor de “recto” y a  thomos, “corte separador”. Sería a partir del siglo XIV d.C., cuando se emplea el término en ambos sentidos de “estudio” y “disección”. Así en la Anothomia de Mondino de Liuzzi figura como “estudio” y en la Chirugia Magnade Guy de Chauliac aparece con el doble significado de “corte separador recto”  y “estudio”, matizando en ambos sentidos de “doctrina que se explica en los libros” y “estudio experimental de cuerpos muertos”.
En castellano, el primer idioma moderno en que se documenta, lo hace el Infante Don Juan Manuel en 1325-6 en su libro El Conde Lucanor o Libro de Patronio y en su Libro de la Caza de 1337, donde expresa el significado moderno del término de “conocimientos obtenidos mediante la disección”. Posteriormente en algunos escritos aparecen los dos significados de “estudio” y “disección”.
Así, llegamos al concepto moderno del vocablo en español como los “Conocimientos obtenidos por medio de la disección, con el objeto de estudiar el número, estructura y situación de las diferentes partes del cuerpo de los animales o de las plantas”.
La anatomía en sentido figurado
Hay otra curiosidad más en este vocablo, su acepción en sentido figurado como “esqueleto” y, por extensión, la denominación dada a la “persona o animal flacos”, actualmente en desuso, pero ya empleada por Miguel de Cervantes (siglo XVI d.C.).
En su valor como “esqueleto” la palabra normalmente toma la forma antigua de notomía, también empleada para “anatomía” que, por deglutinación de la n, ha producido otomía, “autopsia”, como puede verse en Tipos y Modismes y còses rares y curioses de la Terra del Gè, de Martí Gadea, 1912-18.
 
Bibliografía
1.- Claudii Galeni Opera Omnia, ed. de Karl Gottlog Kühn,Leipzig: C. Cnobloch, 1821–1833, rpt. 19.357.
2.- El Conde Lucanor o Libro de Patronio del Infante don Juan Manuel. Ed. Knust, Leipzig 1900.
3.- Tipos y Modismes y còses rares y curioses de la Terra del Gè, V. II, 36, J. Martí Gadea, Valencia, 1912-18.
4.- Libro de la caza, Infante don Juan Manuel (p. 566 en la edición de J.M. Blecua, Madrid 1981.
5. – An Etymological Dictionary of the French Language, Brachet, A., transl. G.W. Kitchin, Oxford, 1882.
6.- Etymological Dictionary of Latin and the other Italic Languages, de Vaan, Michiel, vol. 7, of Leiden Indo-European Etymological Dictionary Series, Alexander Lubotsky ed., Leiden: Brill, 2008.
7.- Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. J. Corominas –  J. A. Pascual, Ed. Gredos, Madrid, 1980.
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Curiosidades etimológicas AMPOLLA

 
 
 
 
 
AMPOLLA DE VATER

Archivo: NIDDK, National Institute of Health. Imágen nº: N01676.





AMPOLLA

La palabra ampolla se adoptó en Anatomía para designar el abultamiento producido por una elevación de la epidermis y ciertas dilataciones de algunos conductos y en Dermatología para definir la vesícula de contenido seroso que separa las capas de la piel. El término procede del latín ampulla, con el que los romanos designaban el “frasquito de cuello estrecho y cuerpo globular”. ¿Pero qué tiene que ver un abultamiento en el cuerpo de los seres vivos con este tipo de frasco? Encontramos la explicación en la Ciencia Etimológica a través de su proceso creativo de nuevos vocablos mediante el fenómeno de la metonimia.
En efecto, ampolla fue adoptada en el latín clásico como ampulla(m), “recipiente pequeño”, “redoma”, procedente del diminutivo de la palabra griega antigua ánforeus, con cambio de significado, formada por el vocablo amphi, “por ambos lados” y el verbo  phoreus, “portador, acarreador”, definiendo, por tanto, a la “vasija con mangos por los dos lados” o “ánfora”.
Esta adopción tiene lugar hacia el siglo IV a.C., cuando se inicia un gran contacto comercial entre los pueblos romano y griego pues la transcripción al latín de las consonantes aspiradas griegas (f) se realiza mediante la consonante sorda correspondiente (p). El vocablo griego tomado inicialmente bien pudo ser amporéa o ampora,pasándose posteriormente a amphora. De este préstamo el latín clásico genera formas con sufijo propio, tales como el diminutivo amporula, “anforita”, probablemente la contracción ampulla, “anforilla” y el verbo ampullari.
La nueva acepción de ampulla(m) con el significado médico de abultamiento o vesícula se produce en el latín medieval, como ha quedado documentado en algunos libros de cirugía del siglo XII.
Así como para los griegos el ánfora definía a un gran recipiente de barro con una panza voluminosa y fondo picudo provisto de dos asas, destinado a contener productos como vino, aceite o cereales, para los romanos la anforilla, designaba principalmente un recipiente de vidrio más pequeño. Además, estos empleaban originariamente ampullari para definir la acción de soplar el vidrio a fin de darle forma para que la pasta se hinchase quedando hueca interiormente. Después la emplearían en sentido figurado con el valor de “hinchar” y de “amplificar el lenguaje”.
Al pasar el término al castellano, lo cual está documentado en 1495, mientras la forma amphora desaparece del habla patrimonial, conservándose solamente como el cultismo “ánfora”, recuperado por ceramistas y arqueólogos, la forma ampulla se asentó como “ampolla” en referencia al recipiente de cristal. Después ampollapasaría de la esfera popular a la científica, encontrando diversas acepciones en el campo de la Anatomía, no como equivalente a “redoma”, sino como “vejiga” o “dilatación”, por similitud con la forma de la ampolla original.
En esta ciencia su evolución semántica produciría el sinónimo “vejiga” para definir el abultamiento producido por una elevación de la piel. Así mismo, generaría, por metonimia, el equivalente a “dilatación” para denominar ciertos abultamientos en algunos conductos, tales como la ampolla rectal, para definir la “dilatación del último tramo del intestino grueso” y la ampolla de Vater, cuyo nombre se debe al anatomista alemán Abraham Vater por ser el primero en describirla en 1720, también conocida como ampolla hepatopancreática, para nombrar a la papila duodenal mayor, que también daría nombre a la “dilatación de la segunda parte del duodeno”.
La ampolla sanitaria
También se conoce como ampollael pequeño recipiente de vidrio herméticamente cerrado, que contiene, por lo común, una dosis de líquido inyectable. Curiosamente, recibe su nombre de un vocablo empleado en la antigüedad, cuando todavía no existían los inyectables. Es que los romanos designaban así el frasquito globular de cuello estrecho que contenía un líquido y por extensión pasaría a denominar el recipiente que contiene un inyectable.
Así es que la sencilla y frágil ampolla, tan utilizada en sanidad, originariamente era un práctico utensilio empleado en el hogar, haciendo distinción entre las que contenían alguna bebida, conocidas como potarías y las destinadas a los aceites o esencias para el baño, denominadas olearias. Algunas de ellas pasaron a la historia como verdaderas obras de arte por la variedad de formas, por los materiales de construcción empleados y por los adornos que llevaban.
En tal sentido, ampolla pasó al castellano en el siglo XVI con el valor de “redoma”, para definir la vasija de vidrio ancha en el fondo que va estrechándose hacia la boca. Sin embargo, poco a poco, el vocablo fue ampliando su campo de acepciones a medida que aparecían nuevos objetos o conceptos que podían relacionarse con el significado original, bien por su forma o por su utilidad.
Después comenzó a aplicarse en un sentido más amplio no solo como sinónimo de  “recipiente” por extensión, sino también como sinónimo de “burbuja”, “vejiga” o “dilatación” por similitud.
Idéntico origen tienen las palabras francesa ampoule, la alemana ampulle y la portuguesa ampolla, sin embargo el inglés utiliza blister. Este es, curiosamente el vocablo que empleamos en español para referirnos a los envases de plástico que contienen varias cápsulas o pastillas. En definitiva, también estamos llamando a estos envases ampollas.
El progreso nos ha traído el uso de nuevos materiales, como el plástico, en lugar del cristal para muchas aplicaciones, así como la costumbre de utilizar palabras de otros idiomas, tratándose de un proceso etimológico válido para nombrar nuevos objetos. En este caso con el anglicismo blister se consigue una palabra técnica, la cual, teniendo el mismo significado que ampolla, define una especie muy característica.
La ampolla en arqueología
En la antigüedad la ampollapasó de ser un utensilio utilitario de uso popular, a un objeto artístico de uso funerario. Tenemos constancia de las primitivas ampollas artísticaspor la arqueología, ya que fueron muy empleadas para depositar reliquias, como las conservadas en varios museos procedentes de Alejandría, Esmirna y Tierra Santa.
Algunas consistían en vasos de tierra cocida, de forma esférica o aovada, con un gollete circular o terminado en pico, provista de asas o agujeros laterales para suspenderlos de una cuerda. Otras eran de vidrio e incluso de bronce y muchas estaban lujosamente decoradas.
Las destinadas a contener pequeñas porciones de perfumes o aromas, que los fieles solían depositar sobre el cuerpo de los mártires, se conocen como ampullas eulogias. La ampulla olearia contenía, en lugar del perfume, el aceite que, como reliquia, se tomaba de las lámparas encendidas ante la Eucaristía o en un sepulcro venerado, también el destinado a ungir a los enfermos o, según la leyenda, el que transpiraba del sepulcro donde reposaba el cuerpo de un mártir o de un santo confesor.
Las ampollas de San Menasestán decoradas con una representación del santo de pie, entre dos camellos, en recuerdo del que transportó su cuerpo hasta el sepelio. Reciben el nombre de ampollas de sangre las encontradas al lado de supuestos restos de mártires, conteniendo un poco de esa sustancia.
La Santa Ampolla era una especie de redomita donde se guardaba el óleo santo que servía para ungir a los reyes de Francia desde 1179. Refiere la leyenda que un ángel la había traído del cielo con motivo del  bautismo del rey de los francos Clodoveo. Conservada en Reims, en un valioso relicario de oro,  se dice del aceite contenido que no se agotaba nunca, pero disminuía cuando la salud del Rey se resentía. El convencional Philip Rhul la rompió en la plaza pública de Rheims en 1793 y, al parecer, algunos pedazos conservados por milagro sirvieron para ungir a Carlos X en 1825.
La ampolla en Zoología
Por similitud con la ampolla “frasquito globular” original, el castellano adoptó en Zoología el  nombre de ampolla para designar ciertos órganos de los peces y de los equinodermos.
Así, la ampolla de Lorenzini es un órgano receptor propio de ciertos peces situado por grupos en la superficie de la cabeza y constituido por tubos terminados en esferas que contienen las células sensoriales.

La ampolla madrepórica es un órgano situado en la base de los pies ambulacrales de los equinodermos, similares a pequeñas redomas, de forma que, cuando les penetra el agua impulsada por la contracción de los ambulacros, se hinchan y producen una succión, entonces las ventosas pueden adherirse a una superficie y cuando se contraen el agua sale impulsada a los ambulacros y cesa la succión; estas acciones coordinadas permiten a las estrellas de mar adherirse, moverse y capturar a sus presas.

 

        Bibliografía
Diccionario de la Lengua Castellana o de Autoridades. Real Academia Española. Vol VI.                               Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. Joan Corominas y José A. Pascual, Ed. Gredos, S.A.,  Madrid, 1980.                                                                                                                                                                        – Diccionario De Mitología Universal. J.F.M. Noel. Edicomunicación, S.A., Barcelona, 1991.

Curiosidades etimológicas ATRIO

 
 
 Atrio y ventrículo izquierdo en Anatomy of the Human Body de Henry Gray (1918).
     Ilustración de Henry Vandyke Carter.

     Archivo: Gray´s Anatomy. Lámina 496.png

 
 
          ATRIO
Atrio es una palabra conocida por su equivalencia a “vestíbulo de una casa”. Sin embargo en Embriología es una de las cavidades del corazón del embrión, de la que derivan las aurículas en el  ser adulto. En Anatomía también se denomina así, de forma general, a la “entrada a una cavidad principal”: Atrio laríngeo es la porción de la laringe situada por encima de las cuerdas vocales falsas, Atrio timpánico, la zona principal de la caja timpánica, debajo de la cabeza del martillo y Atrio vaginal, el vestíbulo de la vagina. Pero también recibe el nombre de atrio cada “aurícula del corazón”.
El término entró en el castellano calcado del latín atrium, “atrio”, definiendo un lugar dentro de una edificación al aire libre sin techo, a su vez tomada del griego aithrion, “atrio”. Esto justifica la acepción más conocida. También parecen lógicas las acepciones en Embriología y la primera en Anatomía, pues definen partes del cuerpo que, por analogía, se equiparan a vestíbulos ¿Pero, y la segunda de Anatomía, porqué se denomina atrio a una parte del corazón?
Encontramos la explicación en que aurícula es cada una de las dos cavidades, derecha e izquierda de la parte superior del corazón, que reciben la sangre de las venas. En la aurícula derecha se abre la embocadura de la vena cava superior y en el exterior de la aurícula izquierda se abre la embocadura de las dos venas pulmonares izquierdas. Es decir, las aurículas también se denominan atrios porque son la “entrada de la sangre venosa a las cavidades” de la parte superior del corazón.
No obstante, habiéndose adoptado en medicina el término aurículacomo un cultismo procedente directo del latín auricula, quedaría atriocomo un vocablo de uso principalmente en relación con los invertebrados.
El atrio en el arte
Algunos autores afirman que el atrio nació con los templos porticados egipcios, pero es más probable que derive del mégaron prehelénico o micénico, pasando después a la Grecia clásica, de donde los etruscos lo exportaron a Italia.
Al principio el atrio era la única estancia de las casas romanas, donde se ubicaba el lararium, “santuario de los dioses lares”. Cuando se le añadieron habitaciones pasó a ser el vestíbulo de entrada, lugar de celebración de las reuniones. Después designó al primer patio, a continuación del vestíbulo, situado en el centro de la vivienda, donde se ubicaba el impluvium, “cisterna destinada a recolectar el agua”. En el siglo I decayó su importancia convirtiéndose en una simple estancia porticada, precursora del patio de la basílica paleocristiana.
Como curiosidad referiremos que se ha barajado la posibilidad de que atriumderivase del latín ater, “color del humo negro”, suponiendo que en épocas más remotas era el lugar donde se ubicaba la cocina en las casas itálicas, imaginando que del fuego saldría un humo negro que impregnaría las paredes del patio. Esto parece poco probable ya que también recibieron el nombre de atrium grandes patios porticados y monumentos públicos con pórticos de columnas.
El atrio en Zoología
En Zoología, por su analogía con un vestíbulo, se conoce como atrio diferentes cavidades de esponjas, peces, invertebrados marinos, insectos y gusanos.
 Así, recibe el nombre de atrio la cavidad general en las esponjas de organización siconoide, también la cámara peribranquial del anfioxo, invertebrado marino con forma de pez alargado, así como la región apical de los briozoos, invertebrados marinos que forman colonias arborescentes, en la que se abren la boca y el ano.
El atrio genital es la cavidad donde desembocan los conductos deferentes en el aparato reproductor femenino de los insectos. También, la cavidad donde terminan los conductos deferentes en el aparato genital de los gusanos platelmintos.

Curiosidades etimológicas BICEPS, TRICEPS, CUÁDRICEPS

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En  Anatomy of the Human Body, de  de Henry Gray (1918). Ilustración de Henry Vandyke Carter.
1.- Biceps y demás músculos frontales del brazo. Archivo: Gray´s Anatomy, lámina 410.
2.- Músculo tríceps. Archivo: Gray´s Anatomy, lámina 412.
3.- Músculo cuádriceps. Archivo: Gray´s Anatomy, lámina 430 png.

 BÍCEPS, TRÍCEPS, CUÁDRICEPS

En Anatomía existen unos músculos peculiares con dos puntas, cabezas, cimas o cabos conocidos como bíceps. Asimismo, existen otros con tres cabezas o tríceps y otros con cuatro cabezas o cuádriceps. Tales denominaciones en castellano proceden directamente del latín, de palabras derivadas de caput, “cabeza, punta, extremidad, origen”. Se trata de una forma de trasferencia de vocablos de una lengua a otra en que las naciones dominantes, en este caso los romanos, introdujeron su lengua por la mayor existencia de memorias escritas.
Bíceps
En efecto, los bíceps son músculos pares con los extremos redondeados, conocidos como cabezas. Curiosamente existen dos bíceps, el braquial y el femoral. El primero, en la parte anterior del brazo, va del omóplato a la parte superior del radio y al contraerse dobla el antebrazo sobre el brazo permitiendo a este extenderse y moverse. El femoral o crural está situado en la parte posterior del muslo, y al contraerse dobla la pierna sobre este y extiende el muslo sobre la pelvis.
Curiosamente, el femoral también se conoce como músculo de la economía, ya que, según el primer principio de la economía de movimientos, la fuerza muscular es directamente proporcional al tamaño del músculo y, por tanto, deben utilizarse para levantar las cargas pesadas en vez de utilizar los músculos de los brazos, que son más débiles.
En la cualidad de los músculos braquial y femoral de tener dos cabezas radica su denominación de bíceps. En Anatomía se entiende por cabeza de un músculo los extremos que se prolongan en un tendón común; así el bíceps tiene una cabeza corta, que nace en la apófisis coracoides, y una cabeza larga que se genera en la escápula.
Efectivamente, bíceps procede del latín antiguo, formada por el prefijo bi(s),“dos”, “doble” + -cep, “cabeza”, “origen”,  que es la raíz del genitivo de caput, capit-is “cabeza”, + -s,“s, plural”, resultando el significado: “dos cabezas”, “dos puntas”, “dos cimas o cabos”.
Reintroducida la palabra en el latín moderno como un cultismo, en referencia a dichos músculos, ha sido documentada por el anatomista francés Jacques Dubois, en sus escritos publicados en 1560. El idioma francés la adoptó literalmente con este significado dos años más tarde y el español en el siglo XVIII. 
Como curiosidad se presenta la forma de producirse la trasferencia de bi-capitisa bi-ceps, formándose el nominativo –ceps en base al genitivo de la raíz –capit-is. Al terminar la raíz -capit en consonante oclusiva (t) se le añadió una (-s), quedando bi-capits, después una síncopa formó bi-capts, a continuación, siguiendo la regla gramatical, desapareció la (t) ante la (s), resultando bi-caps, finalmente se formó el nominativo, actuando la regla morfológica, sustituyendo la vocal oclusiva sorda (a) por la radical (e), naciendo al fin la forma bi-ceps.
En lenguaje popular la forma latina bíceps se emplea solamente para el músculo con dos cabezas, reservándose el adjetivo latino bicípite, con igual significado que la forma griega bicéfalo, de bi-, “dos” y  kephalé, “cabeza” para designar una cosa con dos cabezas.
Los bíceps figurados

           Como otra curiosidad citaremos la denominación figurada que se da al bíceps como “conejo” y “gato”.                                                                                                                                       Sobre el origen como “conejo” hay varias interpretaciones. Las más comunes son: 1.- Que para mostrar el bíceps, al flexionar el brazo con el puño cerrado la sombra que se proyecta tiene forma de conejo. 2.- Que al tocar el lomo de un conejo se siente igual que al tocar el bíceps. 3.- Que la forma adoptada por el lomo del conejo cuando está agachado es la misma del bíceps. 4.- Que al hacer fuerza para que salga el músculo si se le pone encima los dos dedos de la victoria la forma resultante se asemeja a la de un conejo.                                                                                                                                                                  En El Salvador a este músculo se le dice “gato”. La denominación nació por la similitud existente entre el bíceps abultado, cuando el brazo se mantiene contraído y el lomo del simpático minino.

Tríceps
En lo que respecta a los tríceps, músculos con tres cabezas de inserción (larga, medial y lateral), la voz procede de un cultismo tomado del latín antiguo triceps, -itis, formado por el prefijo tri- “tres” y el sufijo –ceps “cabeza”, “origen”, derivado de caput, capitis “cabeza”, resultando literalmente el significado de “tres cabezas”.
La palabra, como el cultismo tríceps aplicada al músculo, ya era empleada por los romanos para referirse al músculo posterior del brazo, unido al hueso húmero y opuesto al bíceps, cuya función es extender el antebrazo. Sería reintroducida literalmente en el latín moderno y en Anatomía, por el padre de la cirugía francesa Ambrosio Paré, en la segunda mitad del siglo XVI.
También fue adoptada en el español en el siglo XVIII como un tecnicismo para denominar dichos músculos, de los que curiosamente existen tres en el cuerpo humano: el braquial, que al contraerse extiende el antebrazo, el espinal, que impide que la columna vertebral caiga hacia adelante y el femoral, que enlaza el fémur y la tibia y al contraerse extiende la pierna con fuerza.
Asimismo, el tríceps,en lenguaje popular solamente se emplea para referirse al músculo con tres cabezas, reservándose el adjetivo latino tricípite, con igual significado que la forma griega tricéfalo, de tri– “dos” y  kephalé “cabeza”, para definir algo que tiene “tres cabezas”.
Cuádriceps
El cuádriceps es el músculo más voluminoso y potente, después del masetero,  de todo el cuerpo humano. Conocido como cuádriceps femoral, está situado en la cara delantera del muslo, soporta el peso del cuerpo y permite andar, caminar, correr y sentarse.
La denominación cuádriceps, debida a que tiene cuatro cabezas musculares, procede de un cultismo tomado del latín cuadriceps, -itis, formado por el prefijo cuadri- (de quadri, forma de quattuor), “cuatro” y el sufijo –ceps, “cabeza”, cuyo origen está en la voz caput “cabeza”, resultando literalmente el significado de “cuatro cabezas”.
Está documentada como cuádriceps, en referencia al músculo, en el latín moderno científico en la segunda mitad del siglo XVII y adoptada en el español en el siglo XVIII como un tecnicismo para denominar dicho músculo.
 

Curiosidades etimológicas: CABEZA

 
Cabeza mostrando la disección de las arterias de la cara. En Icones anatomicae, de Albrecht von Haller, anatomista suizo, 1756. La obra Icones anatomicae, es conocida por sus ilustraciones detalladas de objetos cuidadosamente diseccionados. (Archivo: National Library of Medicine (Histori of Medicine). Imagen: Albrech von Haller, II-C-10.jpg)
 
CABEZA
Cabeza en Anatomía define la parte superior del cuerpo humano y la parte superior o anterior de muchos animales, en la que están situados algunos órganos de los sentidos e  importantes centros nerviosos. Pero este no es el único significado que tiene, ya que se trata de una palabra polisémica con un sinfín de acepciones, como cabeza de ajo, de puente, de familia, de turco, etc. ¿Por qué? La razón se encuentra en que todas estas acepciones tienen un denominador común son el “principio, parte extrema, más importante o visible de una cosa”. Curiosamente, el origen etimológico de la cabeza, en relación con la humana, también se encuentra en el término “capucho”.
Se trata de un interesante vocablo, cuyo origen etimológico se remonta a la lengua común indogermánica, pues si bien el castellano lo hereda de su lengua matriz (el latín: caput o capitium) también existía en las lenguas nórdicas (en sueco: huvud) y en las germánicas (en alemán: haupt), que son paralelas y no descendientes del latín. No obstante, la curiosidad de esta palabra se encuentra, más que en su origen, en que es base etimológica de un gran número de palabras, como cabildo, cabo, cadete, caudillo y capitel. Así  mismo, en que es origen de muchas acepciones, heredadas del latín y de una gran diversidad de expresiones figuradas y dichos populares.
Indagando sobre el origen de la palabra cabeza concluimos, que entró en el castellano, donde está documentada en el siglo X,  por dos vías. Una procedente del latín clásico caput, -itis, “origen, cosa principal”, a través del latín vulgar hispánico capitia, de caput, -itis, “cabeza”, con el sufijo –iaque denota cualidad, común a otras lenguas romances de la Península Ibérica. Caput pasó a los idiomas romances con distintos significados figurados: en castellano cabo, “punta, extremo”, en italiano capo, “jefe”, en francés chef, “jefe”, en catalán cap, “cabeza”, reservando cabeça para “cabeza animal”.
La pista para la otra vía de entrada nos la da la edición de 1884 del Diccionario de la Lengua Castellana, donde especifica que la acepción de cabeza como “parte superior de la camisa” viene del latín capitium. Probablemente esta es la de mayor éxito, ya que cabeza originariamente significaría: “capucho, parte del manto que cubre la cabeza”, lo cual era conocido en latín como capitium, “abertura de la túnica por donde pasa la cabeza”. Después por metonimia pasaría a designar la parte del cuerpo cubierta con el capucho. He ahí que capitium produjo en romance catalán cabeç,“parte superior de la camisa por donde pasa la cabeza”, en occitano antiguo cabetz, “cima de árbol”, en francés antiguo chevez (en francés actual chevet), “cabecera”. Asimismo, en catalán del Rosellón cabeç, “cabecera de cama”, en valenciano de Castalla cabeç, “cerro alto”.
Cabeza tenía ç sorda en castellano antiguo (cabeça), pronunciación que conserva en las hablas de Salamanca y Cáceres y en el judeoespañol1. En castellano ya aparece como cabeza en la obra poética de Gonzalo de Berceo, Vida de Santo Domingo de Silos, (1190?-1264?) y en la Gramática castellana de Antonio de Nebrija escrita en 1492.
Acepciones de cabeza
La mayoría de los significados de cabeza fueron acuñados en la lengua madre, donde caput no solo era la cabeza física de los seres vivos, sino que tenía muchos otros valores como: 1.- La racionalidad, de forma que en latín “aproximar las cabezas” era concertar juicios y opiniones. 2.- El principio o extremo de algo, como la cabecera o manantial de un río, formando cabo,“cabo”, como parte extrema o saliente de la tierra en el mar). 3.- El personaje principal o líder, generando capitellus, “caudillo”. 4.- La cosa o parte principal de algo, produciendo capitellum, “capitel”. 5.- La parte esencial de lo que trata un escrito, originando la forma capitulum, “capítulo”. 6.- El lugar principal o ciudad regidora de un territorio, dando lugar a capitalis, “capital”. 7.- La suma principal de dinero que posee una persona, generando capitalis, que produjo en lenguaje vulgar “caudal”. 8.- La letra mayúscula y forma principal de una palabra de la que derivan otras. 9.-  Vida y existencia, como sinónimo. 10.- Individuo, por metonimia.
Expresiones con y sin cabeza
Este vocablo ha dado origen a un sinfín de expresiones en forma familiar y figurada para referirse a la cabeza en el sentido de “racionalidad” de las personas: Cabeza cuadrada: “persona metódica y demasiado obstinada”.Cabeza redonda: “persona de rudo entendimiento y que no puede comprender las cosas”. Cabeza torcida: “persona hipócrita”. Calentarse la cabeza: “fatigarse en el trabajo mental”. Dar con la cabeza en las paredes: “precipitarse en un negocio con daño suyo”. Oler la cabeza a pólvora:“estar en peligro de ejecución o muerte violenta”. Podrido de cabeza: “loco, que ha perdido la razón”. Mala cabeza: Individuo que procede sin juicio ni consideración. Flaco de cabeza: persona poco firme en sus juicios e ideas. Cabeza de hierro: persona terca y obstinada en sus opiniones, también la que no se cansa durante mucho tiempo aunque realice continuamente algún trabajo mental. Cabeza vana: la flaca o débil por enfermedad o exceso de trabajo. Cabeza de alcornoque: persona necia o estúpida.Cabeza de tarro se emplea en referencia a la persona necia y a la que tiene la cabeza grande. Cabeza de turco se dice de la persona a quien se achacan todas las culpas para eximir a otras.
Asimismo ha producido muchas locuciones verbales coloquiales, en este sentido de “racionalidad”: Írsele a alguien la cabeza: es perturbársele el sentido o la razón. Jugarse la cabeza es ponerse en gran peligro o en peligro de muerte. Levantar cabeza es salir de una situación desgraciada o restablecerse de una enfermedad. Llevar a alguien de cabezaes provocarle molestias. Levantar a alguien de su cabeza algo es fingirlo o inventarlo. Meter a alguien en la cabeza algo es persuadirle de ello eficazmente. Quebrantar a alguien la cabeza es humillar su soberbia. Quebrarse la cabeza es hacer algo con gran cuidado, diligencia o empeño, especialmente cuando es difícil o imposible su logro. Sentar la cabeza es hacerse juicioso y ordenado. Traer de cabeza es provocar molestias a alguien. Tocado de cabeza es una persona que empieza a perder el juicio. Algo sin pies ni cabeza, es algo que le falta lo esencial para ser un todo armonioso y completo. Ir con la cabeza por delante quiere expresar precipitación. Pedir un rescate por su cabeza significa pedir un rescate por su vida.
Sin embargo, hay otros términos, que aunque aparentemente parecen referirse a la cabeza de las personas no es así, se refieren a la cabeza como “principio o extremo de algo”. Cabeza de gigante es el botón de la planta girasol. Cabeza perdida se emplea para el clavo o tornillo que queda oculto en la pieza donde se ha introducido.
Finalmente, la palabra cabeza es origen de una innumerable lista de dichos populares basados en la metáfora, de los que recordaremos los más pintorescos referidos a animales: Tener la cabeza a pájaros se dice de la persona atolondrada, ilusa o ligera. Cabeza de chorlito se aplica a la persona ligera y de poco juicio. Cabeza de lobo es la cosa que se exhibe u ostenta para atraerse el favor de los demás. Cabeza de perro se refiere a la forma de santiguarse precipitadamente sin hacer bien las cruces necesarias, probablemente por la forma de pasarse el perro la pata por la cara cuando algo le molesta. Tener la cabeza como una olla de grillos es estar atolondrado.
Bibliografía
1.       Aurelio M. Espinosa, Arcaísmos Dialectales, 32-33. M. 1935.
2.       Gonzalo de Berceo, Vida de Santo Domingo de Silos, 187, (1190?-1264?)
3.       Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. J. Corominas –  J. A. Pascual, Ed. Gredos, Madrid, 1980.

Curiosidades etimológicas: CACHETE

 
 
 
  
 Cabeza, mostrando los cachetes en  Anatomy of the Human Body, de  de Henry Gray (1918). Ilustración de Henry Vandyke Carter.
Archivo: Gray´s Anatomy, lámina 4508 png.
CACHETE
El Cachete, también conocido como carrillo y mejilla, en Anatomía se refiere a la pared lateral de la cavidad bucal y en lenguaje popular a una de las partes más carnosas y abultadas de la cara, sobre el hueso cigomático, desde los pómulos hasta debajo de la mandíbula.
Pero este no es su único significado, ya que se trata de una voz polisémica con una media docena de valores, que podemos agrupar en cuatro conceptos, sinónimos de “carrillo de la cara”, “nalga”, “golpe en la cara” y “especie de puñal”. Cuatro valores tan diferentes para la misma palabra y, curiosamente, el menos conocido, el de “puñal”, es el originario en castellano, como derivado de cacha, los demás han sido producto de la Ciencia Etimológica.
En efecto, según Corominas la palabra cachete viene de cacha, con el sufijo diminutivo -ete. Cacha probablemente entró en el castellano del latín vulgar cappula, procedente del latín capula, plural de capulus, “puño, empuñadura de la espada”, nominativo del verbo capio, capere,“coger, tomar”. Cappula pasó a kaplya y de aquí a katlya, de donde nació el castellano cacha,término empleado para definir “cada una de las dos piezas que forman el mango de las armas blancas y de las pistolas”.
Cacha, de “cada una de las partes del mango de un arma”, tomó el valor de “nalga del arma”, por similitud con las nalgas humanas. Estas por metonimia pasaron a denominarse también cachas y cachetes con la adición del sufijo -ete. Finalmente, como cachete,de definir las partes carnosas del trasero pasó a definir las “partes carnosas más pequeñas y abultadas de la cara”, es decir los carrillos.
De cacha a cachete como puñal
La primera documentación existente de cachadata de mediados del siglo XIII en las obras en castellano de Alfonso X el Sabio, usándose ampliamente a lo largo del siglo XIV, como en el Inventario Aragonés de 1378 en referencia a “un puñal viello con cachas morenas”1.
De la forma con transposición de kaltya salió la voz mozárabe calcha, Etimología definida en el siglo XV por Alonso Fernández de Palencia, que traduce calcha como “cabo de cuchillo, mango de cuchillo, empuñadura”2. Confirmada por Pedro de Alcalá en el siglo XVI como “empuñadura”, “cabo de cuchillo”, “mango de cuchillo”3
Cacha, por el tropo de la sinécdoque, a causa del cambio semántico de una parte por el todo, pasaría de su valor como “mango” a definir el “arma blanca” y cachete el “puñal, puntilla, cachetero”. En Tauromaquia, por el fenómeno de la metonimia funcional, también tomó el valor de “golpe dado al toro con la puntilla”.
El sentido etimológico de cacha se conserva en América Latina, donde cacha es simplemente el “mango del cuchillo”.
La cacha y el cachete como nalga
Y como en un viaje de ida y vuelta, la evolución semántica hizo que “cacha” derivara en “nalga” y, a su vez, “nalga” derivara en “cachete”, pasando “cachete” a designar en Andalucía, Argentina y Chile: “cada una de las porciones carnosas y redondeadas situadas entre el final de la columna vertebral y el comienzo de los muslos”, que simplemente definen a las nalgas, término empleado también en algunos lugares del Norte de España.
El cachete como golpe
El valor de cachete como “golpe con la mano” que se da con el puño o la mano abierta en la cabeza o en la cara, es por metonimia de la forma de agarrar la “empuñadura de un arma”, ya que ésta designa el golpe que se da con la palma de la mano a la empuñadura del arma en el momento de cogerla.
También pudiera ser por metonimia de su significado como “carrillo de la cara”, pasando a significar el golpe dado en el mismo. No obstante, algún autor lo hace derivar de la voz latina quassatus, “maltratado”.
En Perú produjo la forma cachetada empleada para “golpe en la mejilla con la mano abierta, bofetada”.
Bibliografía
1. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. 1914 y sig.  IV, 216
2. Universal Vocabulario en Latín y en Romance. Alonso Fernández de Palencia, Sevilla, 1490.
3. Arte para ligeramente saber la lengua arábiga y Vocabulista arábiga en lengua castellana, Pedro de Alcalá, 1505.
4. Diccionario Crítico Etimológico Castellano e Hispánico. J. Corominas –  J. A. Pascual, Ed. Gredos, Madrid, 1980.